Hay latinos que no quieren a ilegales

El Universo, 04-11-2007

Una senadora local, Sue Myrick, impulsa una corte y cárcel que faciliten deportaciones. En cinco años  la zona pasó de paraíso para migrantes a sitio de riesgo.

David Romero, nacido en Maracaibo (Venezuela), es un candidato radical al concejo de Charlotte, la ciudad más poblada de Carolina del Norte (EE.UU.), y propone en su campaña “cero tolerancia” para los indocumentados, penalizar a quienes les alquilen casas y a las empresas que los contraten.

Esta realidad preocupa a los inmigrantes , pues esta ciudad se ha convertido en los últimos cinco años en el refugio de miles de latinoamericanos indocumentados. Se estima que son 600 mil, casi la mitad de ellos de Ecuador, especialmente manabitas, como los que ayuda la Casa del Ecuatoriano. 

Aracely Pacheco está próxima a cumplir cuarenta años como habitante de Charlotte, una de las principales ciudades de Carolina del Norte que se ha convertido en los últimos cinco años en el refugio de miles y miles de emigrantes latinoamericanos indocumentados (600 mil, según recientes censos), que huyeron del rigor de otros estados como California y Nueva York.

Oriunda de Calceta, Manabí, como lo revela su apellido de soltera, Giler, Pacheco ha levantado la Casa del Ecuatoriano, desde donde intenta dar ayuda a esos 35 mil compatriotas que ella calcula que hay entre Carolina del Norte y la del Sur.

Cuenta que llegó con su familia a Nueva Jersey y luego se movilizó a Charlotte en busca de una mejor oportunidad laboral, que encontró en una factoría textil. Desde entonces hasta ahora logró la nacionalidad, que, sin embargo, aún no consigue para uno de sus hijos. Y como sabe el esfuerzo de legalizarse, padece junto con los ecuatorianos recién llegados las redadas y deportaciones que con inusual frecuencia se dan en los últimos meses. Sobre todo porque el 80% de los hispanos en esta zona carece de legalidad.

“Creo que aquí se ha trasladado todo Bahía de Caráquez”, dice entre risas. Y menciona también a Manta, Portoviejo, 24 de Mayo, Jipijapa, Rocafuerte, Charapotó, entre los lugares de origen de muchos de sus paisanos a los que ha debido ayudar en hospitales y rescatar incluso de las cárceles. Pero también los hay de Cuenca, Azogues, Loja, Quito, Guayaquil y otras poblaciones. Por eso está esperanzada en que pronto se habilite en Charlotte un consulado que les permita agilizar trámites que ahora tienen que hacer en Washington o Nueva York. Pierina Correa, la hermana del actual presidente Rafael Correa, prometió ayudarlos cuando visitó la zona, en tiempos de campaña.

La preocupación de Pacheco tiene sustento: la mayoría de los residentes de Carolina del Norte apoya que los indocumentados sean deportados y rechaza cualquier propuesta para que obtengan la ciudadanía, según una encuesta realizada en agosto reciente por el periódico Charlotte Observer y el canal de televisión WCNC – 6.

La versión internet de Univisión recuerda que, a la pregunta de que si apoyaban o rechazaban que a los hispanos indocumentados se les permitiera permanecer como trabajadores invitados y tener la oportunidad de convertirse en ciudadanos, el 53% dijo que no; el 36%, que sí, mientras el 11% no estaba seguro o prefirió no contestar. Resultado que confirma un crecimiento sostenido, desde el 2005, de la oposición a los inmigrantes .

La encuesta se publicó en momentos en que las autoridades estatales y locales endurecieron las medidas antiinmigrantes .

Realidad que parece contraponerse con la historia: Charlotte fue fundada a mediados del siglo XVIII en la intersección de dos caminos de caravanas comerciales indígenas. De hecho, a principios del siglo XVIII uno de esos senderos, el de Great Wagon Road, les había servido a los colonos de origen irlandés y escocés, en su mayoría presbiterianos y fundadores de muchas iglesias, además de descendientes alemanes que emigraron desde Pensilvania en busca de las Colinas Carolinenses. Tiene, por tanto, un origen plenamente migrante.

Sin embargo, la misma semana de agosto en la que se conoció la preocupante encuesta, entró en vigor una ley que impide a los hispanos indocumentados registrar sus vehículos si no presentan una identificación legal de Carolina del Norte. Aquello, cuentan ecuatorianos, como consecuencia de continuos accidentes de tránsito protagonizados por hispanos, en los cuales hubo incluso muertes.

La falta de licencias se ha convertido en la más reciente amenaza para muchos ecuatorianos, que ven en ello una dificultad para trabajar. Antonio Montesdeoca, manabita también pero criado en Guayaquil, lo explica: “Esta ciudad es muy rural y muchos de los desplazamientos son largos. No tiene un servicio de tren y por tanto, si no manejas, difícilmente puedes llegar a tiempo a uno, dos o tres trabajos que tengas”. Él ya superó la etapa del trabajo en factorías, atiende su propio negocio de envío de encomiendas, Ecuamérica, y tiene a su esposa e hijos en Charlotte. Al igual que su hermano Fabián y su primo Joel. Caso que se replica en muchos otros ecuatorianos que han visto una oportunidad de progreso.

Justo cuando dialogaba con EL UNIVERSO sonó su celular. Era su hermano a quien respondió: “Sí, comemos en la Alborada y luego nos vamos para De Prati. En la tarde pasamos por el Supermaxi”. Entre risas explicó que esos son sus códigos familiares antinostalgia: su “Alborada” era en realidad la zona de comidas de Tyvola Road (con mucha oferta de platos latinoamericanos); su De Prati, los almacenes de ropa Ross; y Supermaxi, el Wal Mart más cercano. “Es que así tratamos de no olvidarnos de Guayaquil y sufrimos menos la distancia”, explica.

Román Chumi Sánchez es otro ecuatoriano con seis años en Estados Unidos. Llegó desde  Santa Isabel, Azuay, a California, y al poco tiempo a Charlotte, donde después de dos años lo alcanzó su esposa. “Trabajo en la construcción y trato de enviar dinero para mis hijos”, explica, con cierta desconfianza, mientras se acerca a averiguar cómo puede llevarse su Honda Accord 2001 hasta su pueblo natal. Es que sueña con un retorno normal y con dinero en el bolsillo, y más ahora que sabe que el gobierno de Rafael Correa ofrece un “interesante” bono de la vivienda.

Las noticias, sin embargo, son poco halagadoras para ellos: la senadora Sue Myrick, frontal opositora de la migración ilegal, ha anunciado que a fines del 2007 empezará su trabajo en Charlotte una Corte de Inmigración con su cárcel, para agilizar los procesos de deportación que ahora se hacen a través de Atlanta.

Más suerte tendrán, en ese contexto, guayaquileños como Carlos Crespo, quien llegó a Charlotte con un contrato de trabajo como diseñador del diario El Progreso Hispano, de propiedad del ecuatoriano José Herrera, y ha podido solucionar paulatinamente su situación legal. Ahora dedicado a las ventas a gran escala de productos mexicanos, se da tiempo para tocar música con otros amigos, ecuatorianos y mexicanos, con quienes tiene una banda de rock.

“¡La comida!”, dice con emoción Crespo cuando se le pregunta qué es lo que más extraña. Y como no hay un restaurante ecuatoriano, sí existe una cadena de contactos telefónicos para saber quién cocinará para vender un encebollado o caldo de salchicha. Será una oportunidad también para que quienes tienen legalidad orienten a los que no, y de confraternizar entre ecuatorianos, en Charlotte.

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