Sabor mexicano en la ‘Pequeña Tijuana’

El Universal, KATHLEEN PURVIS • AP, 04-11-2007

CHARLOTTE, Carolina del Norte (AP).— Los mercados de pulgas son los sitios a los que uno va en busca de tesoros, gangas, trofeos y chucherías.

El mercado de pulgas Sweet Union junto a la carretera 74, cerca de Monroe, solía ser así. Pero los tiempos y la demografía han cambiado, ésta última como resultado del arribo de cada vez más migrantes hispanos. En estos días, Sweet Union es una muestra de la vida latinoamericana, un mercado al aire libre con una selección nutrida de comidas mexicanas. Una visita dominical equivale a un viaje a otras tierras.

Arturo Díaz llegó a Charlotte desde México hace 20 años, dice. Pero cuando visita a Sweet Union los domingos le parece estar en casa. “Esto es lo que recuerdo de mi país”.

Se ven cientos de carpas y mesas donde se ofrece de todo, desde pantalones vaqueros bordados hasta corpiños de encaje. Miles de personas, casi todas latinoamericanas, se pasean por los pasillos a cuyos lados se alinean botas, camisetas de futbol y joyas. Los puestos de alimentos están llenos de verduras y frutas.

La comida predomina sobre todo. Por lo menos media docena de camiones operan como restaurantes rodantes con mesas situadas a un costado protegidas por sombrillas. La mayoría tiene nombre, como la taquería Fiesta Jarocha, a la entrada, hasta El Taquito de Oro, en el centro.

Hay tacos con rellenos desde lengua hasta pollo y platos de carne asada con frijoles flanqueados por tortillas. Hay esquites, con su epazote, mayonesa, queso y chile.

Las familias hacen pausas en sus recorridos para deleitarse con tortas y sopas sustanciosas. Los niños revolotean y ruegan a sus mayores que les compren churros y aguas frescas con sabor de sandía o melón. Y de varios estéreos portátiles resuenan por doquier sones mexicanos.

“He estado en México con mi esposa”, dice Robert McCathern, gerente del mercado. “Y es así como van de compras, en mercados abiertos”.

Sweet Union empezó a cambiar hace unos cuatro años, dice McCa – thern. Con espacio para 230 vendedores afuera y otros 300 adentro de dos edificios y bajo un pórtico, los vendedores tenían que esperar su turno para conseguir espacio. Los vendedores mexicanos empezaron a presentarse antes que todos los demás, a las 2 ó 3 de la mañana. “Los hispanos lo deseaban más”, dice McCathern. “Los no hispanos no estaban dispuestos a hacer eso”.

Los sábados por la mañana congregan bastante público, pero los domingos son los días de verdadera actividad, con una caravana de vehículos que va ocupando lugares en las playas de estacionamiento para una jornada de compras y comida.

Las autoridades del condado de Union se aseguran de que los puestos de alimentos cumplan con las reglas de higiene. “Ellos (los inspectores de seguridad) revisan regularmente”, dice McCathern. “Todas nuestras unidades tienen permiso”. Si ve que algún puesto de comida no está operando adecuadamente, conversa con el vendedor para corregir el problema.

Un puesto popular es una pequeña carreta de madera pintada con franjas rosas, blancas y amarillas con el nombre Elote. Su plato más popular parece ser el esquite. “Todo el mundo conoce el esquite”, dice Yelitza Castro, nativa de Venezuela que cocina en ese puesto.

La mayoría de los camiones de alimentos funcionan como restaurantes, con sus mesas al frente. Algunos incluso tienen servicio de camareras. Pero por lo general el cliente pide la comida y se la lleva a la mesa.

Arturo Días trabaja junto al puesto de los elotes, vendiendo ensaladas de frutas y otra comida popular: los los chicharrones con cueritos.

La gente come mientras va de compras. Luego se paran a probar otra cosa y vuelven a caminar. “Mucha gente lo llama ‘Pequeña Tijuana’”, dice McCathern. “O dicen que quieren irse a México el fin de semana, pero sin tomar el avión”.

CHARLOTTE, Carolina del Norte (AP).— Los mercados de pulgas son los sitios a los que uno va en busca de tesoros, gangas, trofeos y chucherías.

El mercado de pulgas Sweet Union junto a la carretera 74, cerca de Monroe, solía ser así. Pero los tiempos y la demografía han cambiado, ésta última como resultado del arribo de cada vez más migrantes hispanos. En estos días, Sweet Union es una muestra de la vida latinoamericana, un mercado al aire libre con una selección nutrida de comidas mexicanas. Una visita dominical equivale a un viaje a otras tierras.

Arturo Díaz llegó a Charlotte desde México hace 20 años, dice. Pero cuando visita a Sweet Union los domingos le parece estar en casa. “Esto es lo que recuerdo de mi país”.

Se ven cientos de carpas y mesas donde se ofrece de todo, desde pantalones vaqueros bordados hasta corpiños de encaje. Miles de personas, casi todas latinoamericanas, se pasean por los pasillos a cuyos lados se alinean botas, camisetas de futbol y joyas. Los puestos de alimentos están llenos de verduras y frutas.

La comida predomina sobre todo. Por lo menos media docena de camiones operan como restaurantes rodantes con mesas situadas a un costado protegidas por sombrillas. La mayoría tiene nombre, como la taquería Fiesta Jarocha, a la entrada, hasta El Taquito de Oro, en el centro.

Hay tacos con rellenos desde lengua hasta pollo y platos de carne asada con frijoles flanqueados por tortillas. Hay esquites, con su epazote, mayonesa, queso y chile.

Las familias hacen pausas en sus recorridos para deleitarse con tortas y sopas sustanciosas. Los niños revolotean y ruegan a sus mayores que les compren churros y aguas frescas con sabor de sandía o melón. Y de varios estéreos portátiles resuenan por doquier sones mexicanos.

“He estado en México con mi esposa”, dice Robert McCathern, gerente del mercado. “Y es así como van de compras, en mercados abiertos”.

Sweet Union empezó a cambiar hace unos cuatro años, dice McCa – thern. Con espacio para 230 vendedores afuera y otros 300 adentro de dos edificios y bajo un pórtico, los vendedores tenían que esperar su turno para conseguir espacio. Los vendedores mexicanos empezaron a presentarse antes que todos los demás, a las 2 ó 3 de la mañana. “Los hispanos lo deseaban más”, dice McCathern. “Los no hispanos no estaban dispuestos a hacer eso”.

Los sábados por la mañana congregan bastante público, pero los domingos son los días de verdadera actividad, con una caravana de vehículos que va ocupando lugares en las playas de estacionamiento para una jornada de compras y comida.

Las autoridades del condado de Union se aseguran de que los puestos de alimentos cumplan con las reglas de higiene. “Ellos (los inspectores de seguridad) revisan regularmente”, dice McCathern. “Todas nuestras unidades tienen permiso”. Si ve que algún puesto de comida no está operando adecuadamente, conversa con el vendedor para corregir el problema.

Un puesto popular es una pequeña carreta de madera pintada con franjas rosas, blancas y amarillas con el nombre Elote. Su plato más popular parece ser el esquite. “Todo el mundo conoce el esquite”, dice Yelitza Castro, nativa de Venezuela que cocina en ese puesto.

La mayoría de los camiones de alimentos funcionan como restaurantes, con sus mesas al frente. Algunos incluso tienen servicio de camareras. Pero por lo general el cliente pide la comida y se la lleva a la mesa.

Arturo Días trabaja junto al puesto de los elotes, vendiendo ensaladas de frutas y otra comida popular: los los chicharrones con cueritos.

La gente come mientras va de compras. Luego se paran a probar otra cosa y vuelven a caminar. “Mucha gente lo llama ‘Pequeña Tijuana’”, dice McCathern. “O dicen que quieren irse a México el fin de semana, pero sin tomar el avión”.

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