LA SENTENCIA / Las repercusiones
Lavapiés mira de reojo
El Mundo, , 01-11-2007El barrio musulmán de Madrid ‘pasó’ ayer de la sentencia, pero los que la siguieron condenan con dureza el atentado aunque creen que no todos los acusados son terroristas MADRID. – «Chisssss, la sentencia, la sentencia», medio grita el hombre del pelo rizado, con su té verde en una mano y la desconfianza en la otra. No es que haya jaleo en el bar Ali Babá pero ya que el dueño tiene puesta la tele desde hace dos horas, qué menos que no perderse el minuto de oro del juez Bermúdez. El Egipcio, absuelto, Zougam, 42.000 años, Zouhier, 10. «¿Y qué han dicho de Aglif? Yo le conozco. Es un yonki, pero no es ningún terrorista», sentencia el hombre del té con sentencia… Pues para Aglif, El Conejo, 18 años. «Bah, no me creo nada, me voy a trabajar».
Estamos en Lavapiés, en la calle de Tribulete, pegados al locutorio donde nacieron las detenciones del 11 – M, recorriendo locales que salieron en el sumario, pisando también las baldosas de los inmigrantes que sólo vinieron a poder vivir. Estamos en medio del mediodía del 31 de octubre, la hora del día de la sentencia. Estamos en el kilómetro cero de la vida musulmana de Madrid.
Por las aceras de este mundo cerrado anduvieron en tiempos varios de los condenados ayer y de los que un día fueron sospechosos y después quedaron en libertad. Aquí quien más quien menos conoce a alguno de los acusados y quien más quien menos tiene una teoría sobre la Justicia. «A los que pusieron las bombas había que colgarlos en Atocha y tirarles piedras hasta que murieran. Pero si no hay pruebas…». «Muchos de los imputados traficaban con droga y andaban con mujeres. ¿Islamistas? Ja, ja, ja». «El 11 – M fue una salvajada y a quien más ha perjudicado es a los musulmanes, que sufrimos ahora el racismo de alguna gente. A los culpables que los maten o les den cadena perpetua, pero a los que no fueron que los suelten».
Hablan hombres con nombre para ellos pero sin nombre para publicar, marroquíes y argelinos que ven la sentencia del 11 – M en la televisión del Ali Babá mientras comen tortas de maíz y bebén café con leche. Han venido a tomar algo y se han encontrado con Bermúdez. Pero no han venido por el juicio. En realidad, nadie en Lavapiés pregunta por el juicio. Nadie en Lavapiés está viendo a Bermúdez.
Al menos por fuera, la lectura televisada de la enorme sentencia del 11 – M importa muy poco en la superficie de esta Meca castiza de peregrinación comercial. Las fruterías, las carnicerías y las peluquerías árabes se buscan los euros como cada mañana, con su clientela de miradas sin demasiadas palabras. Si hay una radio es para la música. Si hay una conversación es para el negocio. Si hay una pregunta es para evitarla. «¿Ah, que es hoy lo de la sentencia? No lo sabía. A mí sólo me importa el trabajo».
Se ven camiones repartiendo cordero, mujeres comprando fruta y hombres atendiendo sus tiendas. En el locutorio de Jamal Zougam ya no hay marroquíes. Ahora, una familia de Bangladesh conecta a Lavapiés con el mundo. «¿Por qué quieren grabar? ¿Qué pasa aquí? No, no, fuera», sueltan los dueños a un equipo de televisión.
Un poco más arriba, un camarero sirve cafés y dulces a los clientes deslavazados que van dejándose caer por el restaurante Alhambra. La Policía dice que alrededor de estas mesas se cocieron muchas reuniones de radicales islamistas condenados más tarde en el juicio contra la célula de Al Qaeda en España.
Pero hoy en el Alhambra ni siquiera hay aparato de televisión. «Nadie pregunta por la sentencia», dice el chico que vierte té a chorro y ofrece triángulos rellenos de almendra. Sólo un español con la prensa a color del día bajo el brazo habla con el camarero: «Hoy juega el Madrid en Valencia. Ya verás como se salga Guti»…
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