El ácido humor marroquí de Said Naciri lleva a los magrebís al Lliure
El Periodico, , 29-10-2007Los responsables del Lliure no las tenían todas consigo poco antes del debut del cómico marroquí Saïd Naciri. Nunca antes un teatro público se había arriesgado a invitar a una estrella de aquel país y existían dudas sobre si el experimento para atraer a los inmigrantes al teatro funcionaría. Pero, tal como les advirtió Naciri, el público respondió.
Unos marroquís que se habían enterado de la presencia de Saïd Naciri a través de la publicidad en un locutorio, reclamaban más. “Debería venir otra vez porque es muy bueno. Hace humor inteligente”, dijo Abdelileh Benfouzi, un inmigrante que lleva 14 años entre españoles. “Además, este teatro, que no conocíamos, es precioso”.
La sala principal del teatro que dirige Àlex Rigola se llenó casi por completo con hombres, mujeres y hasta niños, que pagaron 19 euros de entrada, vestidos a la occidental en su mayoría, aunque también había mujeres con la túnica y el pañuelo. También fueron muchos los catalanes curiosos que asistieron con ganas de acercarse a una cultura que gana presencia en nuestras calles, como recordó Naciri en su show. Pudieron hacerlo gracias a un pinganillo para seguir por traducción simultánea las desternillantes historias de Naciri, que habló más en árabe que en francés.
La fiesta arrancó nada más apagarse las luces. El público musulmán empezó de inmediato a dar palmas al ritmo de la sintonía que abría el espectáculo, 100% marocain.
RISAS Y APLAUSOS
Naciri, una especie de Andreu Buenafuente, retrató con sus monólogos las virtudes y debilidades de su gente y su país. El cómico hizo reír con historias que alababan la generosidad de su pueblo, su amor a la familia – – “por eso en lugar de viajar al Caribe regresan cada verano con los suyos” – – y su don para cargar los coches hasta los topes. Y fue muy aplaudido cuando criticó la corrupción del Gobierno, la ineptitud del Parlamento, a quien le dedicó una canción, y la falta de infraestructuras en un país en el que, según dijo, existen dos clases sociales: la A, de los aposentados, y la D, de los que no tienen nada. ¿Qué estaría pensando el vicecónsul de Marruecos en Barcelona, presente en la sala&63; Sus paisanos parecían encantados con su ácida radiografía.
Pese a la censura en temas de sexo y religión – – “los marroquís son muy conservadores, aunque vivan fuera de su país”, dijo el humorista el viernes – – acabó su show imitando a una prostituta y a un gay. En su última aparición (con chilaba y gran barba) recibía una llamada de Al Qaeda. “¿Cómo, que me vea los vídeos por internet&63; ¿Que me lo voy a pasar bomba&63;”, decía en el sketch de un creyente que se negaba a saltar por los aires y provocar la muerte de inocentes. En este número, como en muchos otros, hizo partir de risa al público. ¡Qué sano!
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