Ruido, integración y silencio
El Periodico, , 29-10-2007No sé si el chico de la Colonia Güell, en Santa Coloma de Cervelló, merecía el alud mediático que no han recibido otros casos similares o peores que este. Tampoco sé si los medios de comunicación hemos sabido dosificar adecuadamente este suceso y si lo hemos hecho en función de la espectacularidad de las imágenes que captaron las cámaras. No sé si esta tendencia nos va a llevar a considerar más noticia lo que, registrado, tiene la fuerza de la violencia y el impacto. Valdría la pena revisar si hemos sido cuidadosos con la aplicación de nuestro propio código deontológico. ¿Era preciso ver la cara de la víctima de la agresión&63; ¿Era preciso perseguirle a él por el barrio&63; No sé si esta proyección pública de una agresión sensibiliza en favor de la integración y frena la xenofobia.
Pero lo que sí ayuda es convocar a casi un millar de personas implicadas en los procesos de acogida e integración y permitirles compartir experiencias en el Congreso Internacional de Acogida. Allí, esos profesionales, que siempre serán más anónimos que el chico que reparte cachetes ante una cámara, se han dado cuenta de que su trabajo tiene espejos en el trabajo de otros.
En la última sesión de este Congreso, los asistentes tomaron la palabra para exigir a los portavoces de los seis partidos políticos catalanes que trabajan en la comisión parlamentaria para la inmigración que no la utilicen como arma electoral, que aprendan de sus experiencias y, principalmente, que aprueben ya la ley de acogida. Les recordaron que asociaciones y ayuntamientos locales se han visto forzados a inventar los mejores recursos posibles para garantizar la convivencia con las personas que llegan de fuera. ¿Qué soluciones ofrecerán los políticos&63; Pocas respuestas, pero voluntad de consenso. Fue una lección para recuperar la confianza en el diálogo entre la sociedad y sus representantes. Una oportunidad para comprobar que se hace política desde la propia sociedad, y también desde el Parlament, que les escuchaba. Y esta acogida e integración de las personas recién llegadas es real y visible, y lo es precisamente porque es invisible. La agresión a la chica ecuatoriana no es la norma, sino la excepción.
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