La discriminación y las agresiones de tipo racista pueden desembocar en trastornos psicológicos a largo plazo

Heridas ocultas

El 50% de las personas que sufren un suceso traumático necesita atención médica

La Vanguardia, MAITE GUTIÉRREZ - Barcelona, 26-10-2007

Más allá de las heridas que provocan los golpes, una agresión de tipo racista como la que sufrió la adolescente ecuatoriana en los Ferrocarrils de la Generalitat lleva consigo el peligro de dejar secuelas psicológicas a largo plazo, como indican varios expertos consultados. “El efecto de un ataque venido de la nada, en el que no hay un desencadenante – como una provocación o una discusión previa-, tiene un efecto similar al de vivir una catástrofe”, explica Enric Álvarez, jefe de psiquiatría del hospital de Sant Pau.

Miedo y ansiedad son algunos de los síntomas más frecuentes durante los primeros días posteriores a la agresión, los mismos que desarrolla una persona tras haber pasado por un episodio traumático del tipo de un accidente de tráfico grave o un atentado. Pero cuando detrás del ataque se esconden motivos xenófobos, odio hacia otra persona por el simple hecho de ser como es, el daño puede ser aún mayor, señala este especialista, “te hacen sentir vulnerable, y más si el agresor sigue suelto”.

En la asociación Exil tratan a inmigrantes que han sido víctimas de abusos y agresiones desde hace 30 años y afirman que en todos los casos la autoestima de la persona queda “muy dañada”. “Cualquiera que sufra violencia física y psicológica, rechazo o discriminación desencadena un estado de crisis, de trauma”, dice Patricia Jirón, psicóloga de este centro. Los casos más comunes son los de trabajadores que son vejados por sus superiores directos y que aguantan esa actitud por miedo a perder su empleo, aunque también han atendido a víctimas de agresiones.

Por colectivos, los más afectados son los que tienen características físicas más diferentes a las de los europeos autóctonos, como personas negras, marroquíes, pakistaníes y ecuatorianos – donde se da una proporción mayor de población con rasgos indígenas que en otros lugares de Sudamérica-.

La medida en el que un suceso de esas características afecte a la víctima dependerá “de su propia personalidad y de si tiene un entorno familiar sólido y cálido, que le apoya”, afirma Lali Piera, psicóloga clínica del Institut Dexeus. Sin embargo, la primera reacción en casi la totalidad de los casos es la fobia, en palabras de Álvarez. “Al principio se siente miedo a salir a la calle, a volver al lugar donde ocurrió todo, pero esto se puede superar poco a poco y al final los síntomas acaban por desaparecer solos”, explica.

Aun así, en ocasiones las secuelas se cronifican y, en el peor de los casos, acaban llevando a un cuadro de estrés postraumático. Guillem Pilhez, psiquiatra de la unidad de trastornos de ansiedad del hospital del Mar, explica que los síntomas tras sufrir estas agresiones pueden aparecer durante los tres meses siguientes y en el 50% de los casos remiten solos, pero el resto precisa atención médica.

En cuanto a los inmigrantes, “debido a su propia situación, al hecho de estar en un país extraño y a menudo alejados de sus familias, el riesgo de arrastrar secuelas es mayor”, según Jirón. Ysi se es adolescente todavía más, ya que se está en una edad crítica, afirman todos. “Además puede dificultar su integración en esa nueva sociedad en la que viven y desarrollar una desconfianza generalizada hacia el ser humano, cuando no todo el mundo es racista, sólo se trata de una minoría”, añade Jirón.

Los expertos recomiendan acudir a un especialista si se vive una situación de violencia, para que el médico evalúe el caso y decida si la víctima necesita un tratamiento. En cualquier caso, según Jirón, “lo más importante es que la víctima sienta el apoyo de los demás, que no está sola, que se la reconozca socialmente, y sobre todo que el agresor sea castigado, porque de lo contrario sentirá que le podrán volver a agredir”.

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