Muchos se quedan con muchas caras

La Vanguardia, Quim Monzó, 26-10-2007

Lo de la agresión a una menor – en un vagón de los Ferrocarrils de la Generalitat- a cargo de Sergi Xavier Martín se pone cada vez más interesante. Ayer, la agencia Efe distribuyó la noticia de que el otro pasajero que iba en el vagón tiene problemas en su pueblo por haberse mostrado impertérrito.

El pasajero en cuestión es un muchacho argentino, de veinticuatro años, residente en Olesa de Montserrat. Como el vídeo de la agresión se ha visto una y otra vez estos días, los habitantes de aquella localidad del Baix Llobregat han identificado su cara y, cuando lo ven por la calle, le insultan. Le insultan por su pasividad, por haberse quedado quieto en vez de levantarse de su asiento, por no haberse enfrentado a Martín. Por no haber movido ni un dedo. En el vídeo, el muchacho aparece sentado a la derecha de la imagen y se mantiene inmóvil: para no hacerse notar, para que el agresor no repare en él y empiece también a darle patadas.

Me parece demasiado fácil recriminar la pasividad a quien ha estado en una situación en la que los recriminadores no han estado. ¿Cuantos de los vecinos de Olesa que le afean su actuación se hubiesen levantado para detener los golpes del agresor? Decir que uno sería un héroe en tal o cual circunstancia es más factible que serlo realmente. Estos días, a propósito de lo sucedido, diarios, radios y televisiones preguntan a la gente si nos atenaza el miedo o la falta de solidaridad. Por todas partes hay encuestas: ¿se trató de insolidaridad, de egoísmo o de miedo? ¿De verdad tiene que ser sólo una de las tres cosas? ¿No pueden ser dos de ellas, o incluso las tres? En El diccionario del diablo,de la palabra miedo Ambrose Bierce da dos definiciones. Según la primera, miedo es la “sensación total de la depravación del futuro inmediato”. Según la segunda, miedo es el “deseo amable de que las cosas sean distintas de lo que son”. Tampoco una excluye a la otra.

Ayer por la mañana, cuando la agredida acudió al juzgado de instrucción número 2 de Sant Boi de Llobregat para declarar, en la puerta había un grupo de amigos del agresor, intimidando a los periodistas a base de filmarlos. Es la versión tecnológica del viejo “Oye, que me he quedao con tu cara…”. Más tarde pasó a declarar el muchacho que presenció lo sucedido en el vagón, ése que los vecinos de Olesa increpan por no haber reaccionado, pero en el momento de redactar esto aún no han dado imágenes de su llegada. Aunque – visto lo sucedido por la mañana, con la intimidación a los periodistas- igual el muchacho se encontró con el mismo grupo de amigos del agresor. Todos con sus cámaras, fotografiándolo aunque se cubriese con una chaqueta, más que nada para recordarle que – gracias al vídeo de los hechos- se han quedado con su cara y, según lo que declare, actuarán. Si amedrentar tan impunemente es legal, ya todo debe estar permitido.

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