«¡Déjenla en paz!»

ABC, ÁNGEL MARÍN. BARCELONA, 25-10-2007

Miedo. Esta es la sensación con la que vive la menor ecuatoriana y su familia después de ser agredida por un joven en un tren de los Ferrocarriles de la Generalitat. Horror por la posibilidad de encontrarse de nuevo con su agresor quien, de momento, está en libertad con cargos, y pánico al acoso que le someten los medios de comunicación después de que las imágenes de la brutal paliza fueran difundidas por medio mundo.

La adolescente lleva tres días durmiendo fuera de su casa, y también ha cambiado de domicilio en varias ocasiones para eludir la persecución de las cámaras y fotógrafos que buscan una instantánea de la menor. «Por favor, déjenla en paz, dejen de perseguir a la menor y a su familia», pidió la ministra de Exteriores de Ecuador, María Fernanda Espinosa, a los periodistas que ayer acudieron a un rueda de prensa multitudinaria en el Consulado General de Ecuador en Barcelona.

La notoriedad del caso hizo que Espinosa se desplazara desde Italia, donde se encontraba de visita, hasta la Ciudad Condal – acompañada por el embajador del Ecuador en Madrid, Nicolás Issa, y la secretaria de Estado para Iberoamérica, Trinidad Jiménez – para advertir de que el Gobierno de Ecuador llegará hasta el final para que «caiga todo el peso de la ley» sobre el agresor.

La madre de la menor había expresado al cónsul, Freddy Arellano, su deseo de comparecer ayer ante la prensa para denunciar el ataque racista que sufrió su hija con el objetivo de que «no le suceda a nadie lo mismo». Un anhelo truncado por el horror de dar la cara ante decenas de focos, flashes, micrófonos y «plumillas».

La madre, que se encerró en una pequeña sala del Consulado, explicó por la mañana que su hija – que «está muy delicada de los nervios», apuntó – no va al instituto porque tiene miedo de que el agresor la vuelva a atacar. «No queremos represalias. Tenemos miedo porque él anda por la calle y no le costaría coger los ferrocarriles y venir a agredir a mi hija», dijo a la mujer, que desde hace siete años vive con sus dos hijas en Barcelona.

La chica agredida, de 16 años, aprovechó ayer también el anonimato de las ondas para contar su terrible experiencia. «Como me vio que estaba sola descargó toda su rabia», explicó la joven a Radio Caracol. La adolescente, que sufre dolores de cabeza y en el pecho, mostró su convencimiento de que le dio una paliza por ser de origen hispanoamericano. «Se ve que era un racista, porque (me decía) inmigrante para arriba, inmigrante para abajo», añadió.

La menor ecuatoriana aseguró que antes de la agresión no cruzaron palabras ni miradas y explicó que se vio incapaz de defenderse por su estado de nerviosismo derivado de los insultos y amenazas que le lanzó el agresor que, a su juicio, no estaba borracho, tal y como afirma el joven para intentar justificar su acción. «Sigo nerviosa y no quiero recordar más cosas», concluyó la víctima, que espera la detención y condena de su agresor.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)