A PROPÓSITO

La olla

El Correo, 25-10-2007

Dice el muchachote descerebrado que se ensañó con una joven ecuatoriana, que se le «fue la olla» y en este plan. Así explica el ataque de matonada racista que se cogió en el vagón de un tren contra una quinceañera a la que vejó, insultó, humilló y pegó con toda la saña que nos ha mostrado el vídeo repetido numerosas veces, multiplicándose en la red y del que dieron cuenta los medios. Te cogió la cámara chavalote fanático. Después un juez te soltó y fue gracias al impacto de las imágenes de tu vil machada por lo que la Justicia volvió a por ti. Las escenas de la salvajada que todos hemos podido ver despiertan el debate dormido sobre la xenofobia, que como una olla se va calentando poco a poco. La verdad que se cuece dentro aparece cuando se destapa en una filmación como es el caso de la chica de Ecuador, pero la verdadera realidad es que una gran mayoría de desprecios racistas y palizas no se denuncian.

Para entender un poco el despreciable acto propongámonos tomar un billete de metro de ida y vuelta al pasado. Corría el tan emblemático año 1968. Muchos se han quedado colgados en ese mayo del ‘Prohibido, prohibir’. Pues bien, se estrenaba una película que pudo verse en el Festival de San Sebastián: ‘The incident’. La dirigió Larry Pearce y en aquella cinta en blanco y negro asomaba Martín Sheen. Transcurría todo el filme en el metro neoyorquino. Entran unos gamberros duros. En los asientos viaja gente cansada. Rostros macilentos y silencio. La arman; con los más débiles, primero. Se hacen los dueños absolutos de los convoyes, para nada vigilados. Los viajeros, cual sonámbulos van cayendo presas del miedo en una pasividad de momia y no reaccionan a las cada vez más innobles fechorías de la banda.

En el trayecto de la memoria surgen las palabras de Felipe González: «Prefiero morir apuñalado en el metro de Nueva York a vivir treinta años en la URSS». Fue cuando contestó socarrón Carrillo: «Yo prefiero morir en Madrid». No sabemos dónde preferirían morir las víctimas de la T – 4, extranjeros que vinieron para poder vivir, y tampoco buena parte de los soldaditos de nuestro Ejército.

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