A CONTRAPELO

El incidente

El Mundo, MANUEL HIDALGO, 25-10-2007

En 1967, el norteamericano Larry Peerce, enclavado en la entonces llamada Escuela de Nueva York – antecedente del cine independiente – , dirigió una película tremenda llamada El incidente. Unos jóvenes violentos – de aspecto hispano, inmigrante – se ensañaban brutalmente con los ocupantes de un concurrido vagón del metro neoyorquino, mayoritariamente blancos y de clase media. Nadie hacía nada, salvo, finalmente, un soldado negro. La película, muy buena técnicamente, era insoportable por su violencia física y, sobre todo, psicológica – el exceso, la pasividad – , y fue criticada porque, uno, no contextualizaba las circunstancias de los jóvenes inmigrantes o marginales, los agresores, y, dos, parecía reclamar una reacción violenta – el valor, la valentía, el ojo por ojo – de los blancos burgueses humillados y ofendidos, las víctimas. Aquella película se consideró xenófoba por el modo de presentar a los agresores.


El vídeo de estos días. Como se ve, el tema es viejo, entre la realidad y la ficción, y polivalente, y universal. Quiero decir: la violencia tiene verdugos y víctimas (a matizar), pero, también, no diré razones, diré etiología, esto es, causas de la enfermedad.


Quiero hacer un análisis constructivo de las imágenes que estamos viendo. Algo que sirva para algo.


La chica ecuatoriana. La víctima principal. Es mujer. El agresor mira al otro chico, lo calibra brevemente y lo descarta. La toma con la chica. La chica es víctima de una agresión machista y racista, ramas del mismo árbol.


Quienes estén cerca – familiares, vecinos, amigos – deben darle todo su cariño y ayuda. También los servicios sociales. Los tribunales deben hacerle justicia.


El agresor. Se ha de hacer justicia con él. Debe ser castigado. No es cuestión de venganza. La sociedad señala, a través de la justicia, los valores que quiere defender y advierte a quienes los vulneran o están tentados de hacerlo. Pero el verdugo es aquí la segunda víctima. Racismo, machismo: enfermedades. No son sólo ideología. Muchas veces ni siquiera son ideología. Son patología individual y social: narcisismo, psicosis, paranoia, esquizofrenia. Tienen causas. Este chico, racista o menos racista, no está bien. Correa, el presidente de Ecuador, se ha dado cuenta. Su familia, su casa, su condición social. Padres ausentes. Vive con la abuela. Hay que ayudar y apoyar a la abuela. Y hay que ayudarle a él. Es el verdugo del vídeo, pero también es víctima. Y va a ser víctima de su propia acción.


El testigo impasible. Está atenazado por el miedo, queremos creer. ¿Cobarde? No es que el miedo sea libre. No elegimos el miedo, el miedo nos elige. El chico, según parece, también es inmigrante. Pudiera ser que no se atreviera a enfrentarse a un nacional en un uno contra uno. Hay que ponerse en su lugar y, al mismo tiempo, defender el principio de la solidaridad. Es un ideal que propagar y hacia el que tender. Otros matices: perdón, no juzgar, amar al enemigo, intentar comprender. Aguirre, tranqui.

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