«Pensaban que les llevábamos a Italia», afirma el patrón

El Mundo, GEMA PEÑALOSA / ANA DEL BARRIO, 16-10-2007

El capitán del ‘Corisco’ engañó a los 58 inmigrantes rescatados para evitar que se tirasen al mar al llegar a Libia «Los desperté y les dije que se metieran en la cubierta de abajo, donde no hay visibilidad, para que no se dieran cuenta de que regresábamos a Libia. Tenía miedo de que cumplieran su amenaza de tirarse al mar si descubrían que les devolvíamos a su país. Ellos seguían pensando que les llevábamos a Italia». Eran las ocho de la mañana de ayer y fue la última instrucción que dio el patrón del pesquero Corisco, Antonio López, a los 58 inmigrantes que recogió en alta mar en la madrugada del pasado sábado.


Una hora y media más tarde, el Corisco – de bandera portuguesa y con base en Santa Pola (Alicante) – atracaba en Trípoli, tras las intensas negociaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores con el Gobierno libio, que durante todo el fin de semana dio la callada por respuesta y no permitió atracar al barco con los sin papeles.


Tras 48 horas de angustia, Libia dio por fin el visto bueno y los inmigrantes descendieron sin incidentes en el puerto de Trípoli. El desembarco fue duro para la tripulación después de dos días de convivencia con las personas a las que salvaron de una muerte segura, ya que su bote neumático se hundió al poco tiempo.


Las lágrimas y los gritos de los inmigrantes se produjeron casi al mismo tiempo en el que subieron al buque dos policías libios. «Por el idioma supieron que no estábamos en Italia.Todos estaban desesperados y comenzaron a llorar», señaló.


El patrón respiró, por fin, aliviado después de la tensión acumulada: «Por un lado estaba pendiente de la diplomacia y, por el otro, de estas personas que nos decían que si volvíamos a Libia, se tiraban al mar», apuntó.


Al otro lado del teléfono, y mientras dirigía el pesquero de nuevo a alta mar, describió el episodio del desembarco y desmenuzó el comportamiento de las autoridades y la policía libia. «Lo primero que me preguntaron es que por qué había elegido Trípoli para devolver a los inmigrantes», explicó todavía molesto. La segunda pregunta le dejó fuera de juego: «Con la que estaba cayendo, los policías me preguntaron que dónde estaba la zodiac. Suerte que uno está curtido en estas lides y cuando les rescatamos también subimos al barco la patera», resaltó con indignación.


Durante estos dos días, los sin papeles han dormido en la cubierta, debajo de las mesas o en cualquier hueco de la embarcación. Alejado ya del puerto de Trípoli, López opinó que si le pasara otra vez, lo volvería a hacer. «No puedo dejar que la gente se muera en el mar. Por cada mil pateras que se cogen, 2.000 se pierden», indicó.


El embajador español en Libia, Joaquín Pérez Villanueva, admitió a este diario la dificultad de las negociaciones para lograr el desembarco, ya que el Ejecutivo de Muammar Gaddafi nunca reconoce que las pateras han partido desde su territorio. Por este motivo, el Gobierno libio considera que son los demás países quienes deben hacerse cargo de los náufragos. Además de las intensas gestiones realizadas por el embajador, las negociaciones se realizaron al más alto nivel y el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos, declaró haber llevado personalmente la iniciativa: «La noche del domingo hablé con el jefe de gabinete de Gaddafi, y a la media hora estaba resuelto».


Según informó el embajador, entre los 58 inmigrantes rescatados se encuentran cinco mujeres y tres niños y todos ellos son de muy diversas nacionalidades: iraquíes, sirios, nigerianos, ghaneses, mauritanos y senegaleses. En la actualida, los sin papeles se encuentran en un centro de tránsito en Libia, donde se tramitará su expulsión.


Curiosamente, muchos de los clandestinos que ahora cogen la patera en Libia con destino a Italia proceden de Nuakchott (Mauritania), lo que demuestra que se está produciendo un cambio de ruta. Cientos de irregulares que antes se subían al cayuco en Mauritania rumbo a las Islas Canarias prefieren ahora trasladarse por tierra hasta Libia y allí, tras pagar unos 1.500 euros, dar el salto a Europa. El aumento de la vigilancia de la Agencia Europea de Fronteras en las costas africanas y la mayor colaboración de estos países está provocando este desplazamiento de las mafias hacia el Mediterráneo.

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