CRÍTICA
Corre, chicano, corre
El Correo, 29-09-2007Según una leyenda india, el ciervo huye en círculo. Si el cazador corre con la suficiente astucia, sabrá someterlo cuando tenga las patas sangrantes; entonces le besará en la boca para tomar su último hálito de vida. O dicho de otra forma, no se puede escapar al destino. Singular fábula, que nos remite a ‘Padre nuestro’, tremenda película del cineasta norteamericano Christopher Zalla, que nos propina un durísimo gancho de izquierda, a partir de las peripecias de dos muchachos mexicanos, inmigrante ilegales en una infernal Nueva York.
Por su parte, Zalla describe con garra el deambular de Juan y Pedro por un entorno hostil, sin ceder un ápice a la dureza de esta mirada inmisericorde, mientras extrae de unos actores auténticos el doloroso retrato de su propia indefensión. Y el terrible final – ¿corre, chicano, corre! – llega en un momento tan natural, que el espectador comprende, aunque nada pueda hacer para remediarlo, la vigorosa estructura de la película, aparentemente rocambolesca y acumulativa.
Una película, en suma, descarnada y brutal, cuya escenografía resulta tan desasosegante como hipersensible, hasta el punto de lograr que el mundo exterior que rodea a los protagonistas se convierta en una proyección del alma de los mismos.
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