"Barcelona es tanguera, pero le falta bohemia"

El Periodico, JORDI BIANCIOTTO, 01-08-2007

Hace casi cinco años, en vísperas del corralito, Sandra Rehder (San Rafael, Argentina, 1967) se plantó en Barcelona dispuesta a reiniciar su pasión tanguera desde cero. Dos discos después, estabilizada como cantante junto a sus fieles Manu Estoa (guitarra) y Pablo Logiovine (bandoneón), ofrece un recital, Feroz vocación, todos los viernes de agosto en el Teatreneu, preludio de su actuación en el Auditori, el 26 de octubre. Clásicos tangueros, algunas rarezas del género, y textos propios y de Borges, Gil de Biedma, Cortázar, Cernuda…

– – ¿Por qué eligió Barcelona?
– – Porque es la tierra de Serrat, por su arquitectura y, también, por mi simpatía por el papel que tuvo en la República. Es una ciudad que ya amo y, si me tuviera que ir, también la añoraría. Hay un tango, Ciudad de nadie, que habla de “la brújula rota del viajero”. Hay quien lo vive de otra manera, pero yo soy así: tanguera, pasional, me entrego a la vida…

– – ¿En qué consiste ser tanguera?
– – En mi caso, luchar por un sueño y hacerlo con pasión. Yo he lanzado muchas cosas por la borda para sobrevivir, pero soy feliz luchando por lo que quiero. Vivo con poco dinero, pero lo prefiero a buscar un trabajo seguro. Soy tanguera las 24 horas.

– – ¿El cantante de tango debe sufrir?
– – No, pero sí saber de lo que canta: nostalgia, amor… Yo sé de qué tratan. No soy un personaje; he vivido eso: he viajado, he tenido amores y sufrimientos. Me gusta pensar que puedo atravesar el dolor y aprender de él y, si tengo una alegría, que no venga de la histeria, sino de la paz interior. Hay que ser sincero; el pú – blico se da cuenta de eso. Cuando el arte trasciende adquiere la capacidad de sanar; yo no canto para divertir a nadie ni para hacerme rica.

– – ¿Dijo usted sanar?
– – Claro. ¿Nunca ha leído un poema y ha notado que se le abría un momento de conciencia en el que entendía algo mucho mejor? Eso me ocurre, por ejemplo, con los poemas de Gil de Biedma.

– – Atahualpa Yupanqui decía que el tango no es triste, es serio.
– – Decir que el tango es llorón y triste, para mí, no es una crítica. También es triste mucha música clásica, o la que toca Jordi Savall.

– – El género comenzó en los arrabales del Río de la Plata y saltó a los salones de París. ¿Qué versión prefiere?
– – Yo soy una cantante actual; he vivido una vida sencilla y me identifico con muchos personajes del tango. Soy una inmigrante que tiene un hijo de 6 años, que tiene su amor, su familia lejos…

– – En el baile, el hombre manda y la mujer se deja llevar. ¿Es un residuo machista?
– – Yo nunca lo he mirado de esa manera. El trabajo lo tiene que hacer el hombre, y la mujer puede cerrar los ojos, hacer los adornos y dejarse llevar. Pero, para mí, eso es un privilegio. No me parece machista, al contrario: me abraza y me guía. Creo que la mujer tiene que relajarse un poco con este tema.

– – El tango perdió apoyo popular en Argentina en los años 70 y 80, pero ha recuperado posiciones incluso entre la juventud. ¿Por qué?
– – Después de todas las crisis, el ser humano se aferra a las cosas importantes y se vive un auge creativo. Al acomodarte y aburguesarte pierdes la creatividad.

– – ¿Usted cree?
– – Sí. La gente puede aprender del dolor. Ese fenómeno se ve en Argentina con la crisis, que ha traído ese auge del tango. Ahora, hasta los niños lo aprenden, cuando a mí, a los 17 años, me miraban como a un bicho raro. Excepto mi abuelo, que me regaló una colección de Gardel.

– – Algunos rockeros se han pasado al tango. ¿Qué le sugiere la incursión de Andrés Calamaro?
– – … (silencio) No me gusta. Hay tanta gente que canta tangos bien: Ariel Ardid, Walter Chino Laborde, Cecilia Rossetto… Volcarse en algo porque está de moda me parece muy trucho.

– – ¿Y el tango electrónico?
– – No lo escucho. Todo género que tiene un auge vive esos experimentos.

– – ¿Gardel es su icono?
– – Me gustó cuando mi abuelo me regaló esos discos. Aunque, luego, me llegó un disco de Roberto Polaco Goyeneche; lo escuché y me puse a llorar. Se convirtió en el que más escuchaba. También me gustan Julio Sosa y Edmundo Rivero.

– – La historia del género pasa por Barcelona: aquí recaló Gardel antes de saltar a París y Nueva York.
– – Sí, y también Cadícamo: escribió Anclao en París en Barcelona para él, que estaba en Niza. Por eso me encuentro mucha gente en esta ciudad que sabe de tango. ¡No sabía eso!

– – ¿Es una ciudad tanguera?
– – Sí, tiene cosas tangueras, sobre todo en Ciutat Vella, donde vivo. Pero le falta algo de bohemia. Se han cerrado muchos locales. Yo canté tres años en la Bodega Carlos, y el ayuntamiento prohibió las actuaciones.

– – ¿Menos franquicias y más antros?
– – Sí. ¡Hay demasiados irish pubs!

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