Migraciones
El Periodico, , 01-08-2007En el momento en que escribo estas líneas estoy a dos días de irme de vacaciones; he sacado toda la ropa del armario y me pregunto cómo hacer para que quepa en las maletas, teniendo en cuenta que mis expectativas estivales son muchas, abultan, y también tienen que estar dentro cuando cierre las cremalleras.
A pesar de los centenares de veces que hice y deshice un equipaje, cada vez que lanzo una maleta abierta sobre la cama y empiezo a llenarla, se me retuerce el estómago recordando cuando lo tuvimos que hacer 18 años atrás dejando Buenos Aires rumbo a Barcelona. No era por vacaciones, era para siempre; no era una maleta, eran 12; y las expectativas pesaban más que la vida misma. Emigrar lleva implícita una lista inacabable de rupturas, desgarros y efectos secundarios que van más allá de los previsibles. El choque de los nuevos aires con los antiguos crea una capa impermeabilizante que no permite fundirse del todo con el nuevo mundo y que protege las raíces de ser exterminadas por la adaptación. Por eso mi castellano es bilingüe: hablo español y argentino; y por eso a Victoria Beckham le repetía el ajo y se volvía a Londres a hacer shopping. Un emigrante está siempre entre dos aguas, y en algunos casos, nunca mejor dicho.
Hay maneras y maneras de empezar una nueva vida, y suelen estar relacionadas con los ceros que hay en la cuenta corriente. Quienes lo hacen con los ceros a la izquierda huyen de una desgracia y se adentran en otra donde habrán de despellejarse para cambiar su sino. No hay maletas, ni manos para llevarlas, porque están ocupadas: una delante y otra detrás.
El peso de sus expectativas es tan grande que puede hacer que la patera naufrague. Los que lo hacen con los ceros a la derecha son recibidos por Tom Cruise y Will Smith en una fiesta en Los Ángeles por todo lo alto, viajan con baúles y un séquito para llevarlos, un peluquero los retoca antes de bajar del avión, y al peso de sus expectativas se le suma el de mucha gente, porque si se hunden ellos, se hunde el mundo del corazón, y eso sí que es el fin. Ceros de un lado o del otro, empiezo mis vacaciones elevando un deseo: que todos los que salgan, lleguen. ¡Feliz agosto!
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