Tucanes festeja 20 años en Los Ángeles
El Universal, , 02-07-2007LOS ÁNGELES. – ¡Levanten la mano los ilegales!. La levantaron los cinco hombres solitarios de gesto adusto sentados en las últimas filas, los dos alegres primos que entre canciones se turnaban para comprar cerveza, los esposos que bailaban como se debe (las manos de él como si cargara tres cartones de caguamas), las mujeres que habían comprado boletos para los asientos de hasta adelante. Y junto con ellos, un largo etcétera que sumaba unas cinco mil personas, es decir, el Amphitheater Gibson casi lleno de puras manos alzadas que se habían reunido para celebrar el 20 aniversario de Los Tucanes de Tijuana,
Antes del concierto, se proyectó un video en las pantallas gigantes donde se contaron sus premios y galardones más importantes, entre ellos las llaves de la ciudad de Chinantla, un municipio de la sierra de Puebla en cuya calle principal corren trocas con corridos a todo volumen y en el que solo viven mujeres y ancianos. Los hombres, casi todos, han emigrado a los Estados Unidos para trabajar aunque sea sin papeles.
Los dólares que envían al pueblo se han empleado en conectar agua entubada y pavimentar calles, pero los ejidos son hoy páramos de tierra seca a la que los ancianos sacan uno o dos costales de maíz al año. Entre los hombres que acudieron al concierto en el Anfiteatro Gibson quizá alguno sea originario de Chinantla o quizá no; lo cierto es que comparten la experiencia de haber cruzado una frontera cada vez más difícil. Por eso resultó tan emocionante que Mario Quintero, vocalista de Los Tucanes, los animara a levantar la mano. En seguida, un montón de papelitos verde, blanco y rojo salieron disparados por un cañón desde el escenario hacia la butaquería. Un hombre levantó su tejana, la agitó en el aire y luego le dio un trago a su cerveza mientras cantaba: El ilegal no es un terrorista bla bla Y varios papelitos tricolores fueron cayendo adentro de su tejana.
Para ese momento, la valentía del público había desbordado las restricciones de seguridad que recomiendan no ocupar los pasillos sino permanecer sentado en su lugar. De hecho, así transcurrió la primera parte del concierto en el que la demostración más efusiva fueron unos primos que brincaron de las butacas cuando escucharon Las heladas. Aunque estaban separados por tres filas, se estiraron hasta chocar sus vasos de cerveza mientras cantaban: Ya no hay luchas ni hay remedios, solo puras borracheras; primo se estaba tardando, sírvale a mis amigos, tienen la garganta seca, también los dientes dormidos, solamente las heladas faltan para estar al tiro. En cuanto terminó la canción, los primos salieron de la sala para rellenar su vaso en las tiendas ubicadas en el lobby del foro.
Otro momento efusivo ocurrió durante El virus del amor. Entre el público hubo muchos arrumacos y varias mujeres le quitaron la tejana a su novio para acariciarlo mejor, pero el mayor éxtasis ocurrió entre los hombres solitarios. Al tiempo que avanzaba la canción, en el escenario descendieron dos jaulas de acero con una mujer adentro.
LOS ÁNGELES. – ¡Levanten la mano los ilegales!. La levantaron los cinco hombres solitarios de gesto adusto sentados en las últimas filas, los dos alegres primos que entre canciones se turnaban para comprar cerveza, los esposos que bailaban como se debe (las manos de él como si cargara tres cartones de caguamas), las mujeres que habían comprado boletos para los asientos de hasta adelante. Y junto con ellos, un largo etcétera que sumaba unas cinco mil personas, es decir, el Amphitheater Gibson casi lleno de puras manos alzadas que se habían reunido para celebrar el 20 aniversario de Los Tucanes de Tijuana,
Antes del concierto, se proyectó un video en las pantallas gigantes donde se contaron sus premios y galardones más importantes, entre ellos las llaves de la ciudad de Chinantla, un municipio de la sierra de Puebla en cuya calle principal corren trocas con corridos a todo volumen y en el que solo viven mujeres y ancianos. Los hombres, casi todos, han emigrado a los Estados Unidos para trabajar aunque sea sin papeles.
Los dólares que envían al pueblo se han empleado en conectar agua entubada y pavimentar calles, pero los ejidos son hoy páramos de tierra seca a la que los ancianos sacan uno o dos costales de maíz al año. Entre los hombres que acudieron al concierto en el Anfiteatro Gibson quizá alguno sea originario de Chinantla o quizá no; lo cierto es que comparten la experiencia de haber cruzado una frontera cada vez más difícil. Por eso resultó tan emocionante que Mario Quintero, vocalista de Los Tucanes, los animara a levantar la mano. En seguida, un montón de papelitos verde, blanco y rojo salieron disparados por un cañón desde el escenario hacia la butaquería. Un hombre levantó su tejana, la agitó en el aire y luego le dio un trago a su cerveza mientras cantaba: El ilegal no es un terrorista bla bla Y varios papelitos tricolores fueron cayendo adentro de su tejana.
Para ese momento, la valentía del público había desbordado las restricciones de seguridad que recomiendan no ocupar los pasillos sino permanecer sentado en su lugar. De hecho, así transcurrió la primera parte del concierto en el que la demostración más efusiva fueron unos primos que brincaron de las butacas cuando escucharon Las heladas. Aunque estaban separados por tres filas, se estiraron hasta chocar sus vasos de cerveza mientras cantaban: Ya no hay luchas ni hay remedios, solo puras borracheras; primo se estaba tardando, sírvale a mis amigos, tienen la garganta seca, también los dientes dormidos, solamente las heladas faltan para estar al tiro. En cuanto terminó la canción, los primos salieron de la sala para rellenar su vaso en las tiendas ubicadas en el lobby del foro.
Otro momento efusivo ocurrió durante El virus del amor. Entre el público hubo muchos arrumacos y varias mujeres le quitaron la tejana a su novio para acariciarlo mejor, pero el mayor éxtasis ocurrió entre los hombres solitarios. Al tiempo que avanzaba la canción, en el escenario descendieron dos jaulas de acero con una mujer adentro.
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