Gobierno y oposición, incapaces de llegar a un pacto de Estado en inmigración
ABC, 01-07-2007CRUZ MORCILLO
MADRID. A sólo unos meses de acabar la legislatura, ni PSOE ni PP han cumplido el que era objetivo máximo en inmigración: un pacto de Estado. Ha ocurrido lo contrario y se ha convertido en elemento permanente de confrontación: primero a cuenta de la regularización extraordinaria (575.000 inmigrantes legalizados) y después de las sucesivas oleadas de «sin papeles», sobre todo por mar. En medio el crecimiento del padrón municipal, disparado en unos años, no ha hecho sino contribuir al debate.
Las cifras del fenómeno, se aborde por la vertiente de la legalidad o de la ilegalidad, son elocuentes. El padrón de 2006 indica que en España viven 4.144.166 extranjeros y a 31 de marzo de este año tenían tarjeta o autorización de residencia 3.236.743 extranjeros, un siete por ciento más que en diciembre. Los 900.000 de diferencia sobre el papel se encuentran en situación irregular, trabajando o malviviendo sin documentos. ¿A qué se debe la diferencia? A que el ritmo de llegadas a nuestro país es sostenido, en torno al medio millón de personas. Puede ser, como dice el PP, por «el efecto llamada» que activó el Gobierno con la regularización o porque España actúa como un tam – tam para África y para otros países como sostiene el Gobierno.
La preocupación para el Ejecutivo de cara a este verano viene de África pese a que el número de inmigrantes que proceden de esos países sea muy inferior a quienes se cuelan por los aeropuertos (Madrid y Barcelona llegan a superar los 500 turistas con vocación de permanencia por día). Hasta ahora han llegado 4.500 inmigrantes a Canarias, mientras que el año pasado eran 11.000. Entre los más de 6.000 de diferencia hay ingentes partidas económicas destinadas a poner freno a los cayucos y a convencer a los gobiernos de turno y a Europa. El Ejecutivo ha desplegado una actividad diplomática sin precedentes en la zona por este motivo que, de momento, está funcionando, pero la preocupación se mantiene. Las muertes, las imágenes dramáticas y las extremas dificultades para repatriar a estos inmigrantes están en la retina de los responsables de Inmigración.
Desgaste de imagen
Zapatero y sus ministros no quieren bajo ningún concepto sufrir el desgaste del pasado verano con las avalanchas diarias y la improvisación como política. Saben y cuentan que el problema – en cuanto a números – es otro, pero el africano es demasiado visible. Su discurso estrella después de la regularización ha sido que la ilegalidad casi ha acabado (pero eso apunta más a una utopía), que las cotizaciones a la Seguridad Social son una garantía (sí de momento, con una buena coyuntura) y que los servicios no están en disputa. Otra cosa es la percepción de los ciudadanos, que han pasado de no mencionar la inmigración a encumbrarla a la cabecera del CIS.
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