Velo islámico y signos

Diario de Navarra,   PDF, 29-06-2007

TAMBIÉN en Navarra, lo relacionado con el uso del velo islámico (hiyab) por algunas alumnas en los centros de enseñanzas ha alcanzado las páginas de los periódicos. El debate suscitado se ha alimentado con argumentos epidérmicos alejados del significado profundo de la prenda. Ha habido personas que se han manifestado contrarias al uso del velo al estimar que refleja el sometimiento de la mujer en el dar al – islam. Otras han recordado la intransigencia de algunas sociedades islámicas que lo exigen.
Algunas han abogado por la aplicación estricta de las normas del centro sobre el uso de las prendas de cabeza en sus dependencias. Los ha habido que han reaccionado desde posiciones de respeto hacia la persona que, en uso de su libertad, se cubre la cabeza. El debate no ha superado ciertos estereotipos occidentales sobre las sociedades musulmanas. Que unas jóvenes islámicas decidan por sí, o por sus padres o tutores, quebrar las normas de un centro sobre el uso de prendas no puede ser un asunto baladí cuya solución quede al criterio de los responsables de los centros.

Creo que el hecho merece una atención social especial y un debate sosegado. Siquiera porque en el curso académico 2004/2005, están escolarizados en Navarra 856 niños procedentes del Magreb. También porque enfrenta a la sociedad navarra con uno de los más importantes problemas que tiene planteados: el de la integración de las poblaciones inmigrantes con culturas distintas.

Sería conveniente alejar el debate del hecho concreto (velo sí, velo no), entre otras razones porque podría suceder que quien planteara la cuestión fuera una joven navarra de religión islámica. Más o menos pronto, sucederá. También alejarlo de las circunstancias concretas (uso en el interior de una aula, de un centro público aconfesional). Podríamos plantearlo desde el sentido y valor de los signos pues, sin duda, el velo encierra un profundo significado, al menos para la persona que lo usa.

Los signos son modos de expresión de los sentimientos del hombre, especialmente de los más profundos. Un movimiento muscular, especialmente en la cara, transmite un sentimiento determinado. Puede ser de alegría, de dolor, de complacencia. El cuerpo y las cosas que con él se usan son medios de expresión de la naturaleza profunda o espiritual del hombre. El conocimiento mismo, y el lenguaje con el que se expresa, está estructurado con signos formales y lingüísticos.

El velo, además de tener una entidad propia como prenda de vestir, encierra una significación; es un signo instrumental que es preciso conocer. Sólo entonces estaremos en condiciones de comprender cuál es el verdadero significado que transmite y de adoptar, sin prejuicios, la actitud personal y social que corresponda. El velo, en palabras de la argelina Jalida Messaoudi, encierra varios significados; desde reconocimiento, identificación y afirmación de uno mismo, hasta, en algunas sociedades, ocultamiento de la pobreza. El Corán menciona el velo en siete ocasiones; dos especialmente como prenda de vestir. Una en la Sura 24, aleya 31, relacionado con normas de educación y modestia; otra en la 33, aleya 59, como elemento de distinción de la esposa. Puede adquirir desde esta perspectiva un significado profundo de orden religioso.

Sólo el verdadero conocimiento de los signos, de éste o cualquier otro, natural o convencional, formal o instrumental, religioso o no, permite comprender sus auténticos sentidos, adoptar las actitudes que correspondan y excepcionar, adecuadamente, las normas sociales de conducta ordinarias y generales. En el caso que nos ocupa, el uso de un signo personal de fe y sumisión a Dios, de profunda convicción religiosa como indica Djaouida Moualhi.

Javier Marcotegui Ros es vicepresidente primero del Parlamento foral por UPN

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