REPORTAJE
La odisea de sacarse el pasaporte
Miles de personas hacen colas hasta de siete horas para renovar el documento en las comisarías
El País, , 28-06-2007Manuel Rotaeche, un prejubilado de IBM de 56 años, se arma de paciencia. Su único objetivo, como si se tratara de una misión militar, es conseguir el pasaporte para poder viajar a Croacia con su esposa y sus dos hijos en julio. Harto de esperas inútiles, este vecino del barrio de Salamanca ha salido de casa con una silla de playa y un libro de cocina. Sabe que va a esperar colas de seis o siete horas. Como Rotaeche, miles de madrileños se enfrentan estos días previos al inicio de las vacaciones a la odisea de renovar los documentos que les permitan salir del país.
El periplo de Rotaeche comenzó el lunes de esta semana. Fue a la oficina de expedición del DNI de la calle de Santa Engracia, 18, por si podía hacerse el pasaporte esa misma tarde. Llegó 10 minutos antes de las cuatro. Decenas de personas le precedían. “Me quedé por convicción, pero me di cuenta de que era imposible que me tocara”, relata. El centro cerró a las siete, como siempre. Balance provisional: tres horas perdidas.
El ciudadano en busca de pasaporte lo intentó entonces en una comisaría de distrito. Miró por Internet los centros del Ministerio del Interior donde expiden el documento de viaje y optó por la comisaría de Fuencarral, en el barrio del Pilar. Al día siguiente, martes, se pegó un buen madrugón: estaba a las puertas a las 6.45, con la intención de conseguir un número que le diera derecho a ser atendido ese día. “A partir de las ocho y media la cola corrió mucho, pero al rato nos dijeron que no había más números y que tendríamos que volver al día siguiente”, relata Rotaeche. Otras dos horas perdidas.
Esa misma mañana el hombre opta por un valor seguro. Con la silla bajo el brazo, su siguiente destino es la calle de Santa Engracia. Rotaeche ha decidido aguantar todo lo necesario. El ciudadano encuentra una cola formada por varios centenares de personas. La fila da la vuelta y copa decenas de metros de la calle de Caracas. Rotaeche despliega su silla de playa de rayas blancas y azules. Son las diez de la mañana. Y abre su libro de cocina, Delicias para el horno. ¿Será por el calor veraniego? “Desde que me jubilé, me he convertido en el cocinero oficial de mi casa. Como me gusta y encima se me da bien…”. La cola avanza lentamente. Dentro de la oficina, 11 funcionarios están sobrepasados. Es la misma plantilla que a mediados de julio de 2006, cuando los ciudadanos esperaban más de dos horas. Pero este martes conseguir un pasaporte requería hasta siete.
Le pasó a Sara Gilsanz, una vecina de Sanchinarro. Las agujas del reloj rebasaban la una de la tarde. Ella había llegado a las 7.30. “Podrían organizarse mejor. Deberían de repartir números y que la gente sepa si les va a tocar o no, para no tener que esperar inútilmente”, criticaba Gilsanz. Le ha dado tiempo a leerse un libro entero en la cola. Al cabo de siete horas salió con los trámites hechos, minutos antes de que cerrara la oficina para la pausa de la comida – entre las 14.30 y las 16.00 – .
Rotaeche no ha tenido suerte: se queda muy cerca de la puerta. Entonces opta por llamar a su mujer, para que le guarde la vez mientras él come unos emparedados en un bar cercano. Poco después de las 17.00 entra al fin en la oficina. Una vez dentro, rapidez. Bastan unos minutos para salir con los trámites hechos y el resguardo en la mano: podrá recoger el pasaporte mañana viernes. “Al final lo he conseguido, pero me parece una falta de respeto total. No hay voluntad política de solucionar un problema muy importante para el ciudadano. Sobre todo, porque no se toman interés”, protesta.
Las colas no son un problema exclusivo de los demandantes de DNI o pasaporte. En la sede de la Comisaría General de Extranjería y Documentación, en la calle del General Pardiñas, la cola tiene unos 400 metros de largo y muchos acentos. Quienes aguardan son sobre todo trabajadores inmigrantes en busca de su tarjeta de residencia y estudiantes extranjeros que precisan certificados. Estos trámites pueden requerir hasta nueve horas de espera.
El mexicano Juan Carlos Soto, que lleva cinco meses en España, asegura que ha acudido unas 15 veces a este centro para sacarse la tarjeta que le permite residir en España. “Esto es una vergüenza y tercermundista. Las filas no están organizadas. No hay espacio para esperar y la policía no está informada”, protesta Soto. Relata que ha sufrido errores en su nombre, pérdida de documentación…
Un caso parecido le ocurrió a la brasileña Diana Wislea Silva. Vive en Ourense, pero como solicitó la tarjeta de residente en Madrid ha tenido que viajar a la capital para recogerla. “Si se llama por teléfono, nadie lo coge. Luego, la policía está todo el rato regañando a los que hacen la cola”, protesta. Lleva cuatro horas de espera. Le quedan otras dos. El caso de Antonio Pinto de Mezquita, portugués de 26 años, no es mejor. Necesita un certificado como ciudadano de la Unión Europea para su trabajo. Aguarda desde hace ocho horas. “Soy teleoperador y no puedo perder ni un día más de trabajo. Y sin este papel no pueden hacerme más contratos”, afirma.
Los responsables de la Dirección General de la Policía aseguran que las largas colas ante las oficinas de documentos se repiten todos los años por estas fechas. Detallan que hay 29 centros en la región para sacarse el DNI o pasaporte (16 en la capital). Los atienden 160 funcionarios, un 20% más que el año pasado. La policía añadía anteayer que habrá 150 nuevas incorporaciones “durante junio” para cubrir las vacaciones de verano.
En Extranjería está previsto duplicar la plantilla de General Pardiñas la semana próxima. Ahora 50 funcionarios atienden a una media de 2.500 inmigrantes al día.
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