Arancha, en París y en Ceuta

La ex ministra de Asuntos Exteriores conoce bien los dos últimos espasmos del mundo, su opinión es valiosa

La Vanguardia, Enric JulianaEnric Juliana/Madrid, 20-10-2026

Una sacudida tras otra. El desgarro del mundo, cada dos meses en la pantalla del teléfono móvil. A finales de julio, Ceuta. Elon Musk lo vio y al cabo de unas horas sus ayudantes ya le habían preparado un vídeo para X en el que una masa de zombis salvajes asaltaba una ciudad amurallada. “Esto es lo que nos pasará si vuelven los demócratas”, dijo el empresario – cohete. A mitad de octubre, los disturbios de Francia, con secuela en Milán. Las barricadas de París y algo más. Las barricadas y la profecía de Houellebecq. Esa idea tan francesa de que el fin del mundo tendrá lugar en su casa. Las manifestaciones pacíficas de miles y miles de personas en todo el país —imágenes que ya no son noticia porque no rompen nada— y el vandalismo que perfora las pantallas. El pavoroso incendio del ayuntamiento de Limoges. Donald Trump lo ha visto: eso es lo que nos pasará si ganan los demócratas.

Ceuta y París.

Hay una persona que tiene esos dos escenarios en la cabeza. Arancha González Laya (San Sebastián, 1969), ministra de Asuntos Exteriores del Gobierno de España entre enero del 2020 y julio del 2021. La primera avalancha marroquí sobre  Ceuta, la de mayo del 2021, iba a por ella y acabó provocando su cese. Marchó con elegancia y desde hace cuatro años ejerce como decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de París (Sciences Po). Tiene Ceuta bien viva en la memoria y estos días contempla las humaredas de París desde el otro lado de la ventana. Había que hablar con ella.

¿Qué está pasando en Francia?

Una crisis social acumulativa: jóvenes que protestan por la ruptura del contrato social, frustración por el aumento del coste de la vida; la subida del precio de los carburantes es el último detonante; una polarización política extrema y desconfianza creciente en las instituciones, a lo que se suma una gran dosis de violencia oportunista. Son varias las causas que actúan como acelerador del sentimiento nacional de declive y acentúan la nostalgia de tiempos pasados, la idealizada grandeza del pasado. Me preocupa cómo va a canalizarse esta ira en la búsqueda de soluciones.

Desde hace tiempo, desde que el escritor Michel Houellebeq empezó a captar la atención de millones de lectores con sus profecías sobre una gran debacle social en Francia, se habla de riesgo de guerra civil en ese país; no una guerra con dos bandos armados perfectamente organizados, pero sí una sucesión infinita de estallidos sociales con desbordamiento del Estado. ¿Estamos ante el primer episodio de esa guerra civil francesa?

No. No es una guerra civil. Es un fuerte estallido de descontento social, un estallido de movimientos transversales y bastante desorganizados, no perfectamente articulados, con impactantes episodios de guerrilla urbana contestados con fuerte violencia policial. Recuerda al estallido social de Chile en 2019, en el que también hubo incendios.

La dramática evidencia de la soledad de Europa en el mundo. (González Laya acaba de publicar un libro titulado ‘Solos en el mundo’, recién traducido al francés). Francia se siente sola en estos momentos. España se sintió sola a finales de julio. ¿Qué sintió usted al ver que se repetía la avalancha de Ceuta?

¿Qué trampa?

Observe la línea de puntos. Ataques coordinados contra la infraestructura eléctrica alemana; un dron con un artefacto explosivo en el aeropuerto de Leipzig; más de cincuenta incidentes en el espacio aéreo europeo a lo largo del 2026; el reciente hackeo de las cámaras de frío de varias cadenas de supermercados en Francia, con la pérdida de toneladas de alimentos, en pleno estallido de los estudiantes; múltiples incidentes con los cables submarinos… Un día una explosión aquí, otro día un dron allá, y otro día una avalancha en Ceuta. No digo que el origen de esos incidentes sea el mismo, digo que dibujan una línea de puntos y esa línea de puntos expresa una voluntad: desestabilizar, desunir, generar miedo e incertidumbre en Europa.

¿Qué respuesta esperaba?

Sinceramente, en España esperaba una respuesta más unida, una respuesta que tuviese en cuenta esa línea de puntos. La unidad es imprescindible en los momentos más críticos. La unidad otorga más fuerza a la respuesta del Estado.

Tampoco hubo unidad en la respuesta europea

Y me pareció muy grave. Las instituciones europeas no supieron reaccionar como en 2021. En aquella ocasión, la condena europea fue tajante e inmediata. Uno de los países menos dispuestos a la unidad ha sido Italia, por razones estrictamente internas. Se aproxima el final de la legislatura y la cohesión de la coalición que ha gobernado desde 2022 no está garantizada. La Liga de Salvini cae en los sondeos y podría ser sustituida por el nuevo partido de extrema derecha del general Vannacci, complicando la vida a Giorgia Meloni. Lo ocurrido en Ceuta no ha provocado ningún problema directo e inmediato a Italia. Han querido aprovechar Ceuta para cohesionar su frente interior. Si esa acaba siendo la dinámica dominante en todos los países, la Unión Europea va a tener problemas más serios de los que ya tiene ahora. Tenían que haber expresado apoyo a España desde el primer momento, dejando para después las consideraciones sobre la política migratoria. Se invirtieron los términos y fue un error. No se puede instrumentalizar la inmigración para ganar batallas internas que fomentan la desunión europea en un momento crítico. La carta de los 22 tenía las patas muy cortas. (La carta firmada el pasado 1 de agosto por 22 países, a iniciativa de Italia y Dinamarca, criticando la política de inmigración española, que finalmente no se tradujo en una declaración oficial del Consejo Europeo con el mismo tono y contenido). Tenía las patas cortas esa carta. Al cabo de unos días, Alemania ya reclamaba a Italia que se hiciese cargo de sus ‘dublineses’. (En el argot europeo se denomina ‘dublineses’ a los inmigrantes que se hallan en un país, provenientes de otro país de la Unión. Según el Tratado de Dublín, firmado en 1990, el país responsable de evaluar y gestionar una petición de asilo es el primero que ha identificado al solicitante, guardando sus huellas dactilares). Si se apuesta por la escaramuza entre países, todo serán escaramuzas. Francia y Portugal fueron más inteligentes y apostaron por preservar la buena amistad con España. Para Francia habría sido fácil deslizarse por la vía de la demagogia, a la vista de los acontecimientos de estos días.

¿El Gobierno español reaccionó tarde? Esa ha sido y sigue siendo la impresión general

Cuando 80.000 personas entran de golpe en Ceuta, es que has llegado tarde, lo mires como lo mires. A partir de ahí, nadas a contracorriente, y si la respuesta política europea es equivocada, la situación empeora. Eso es lo que ocurrió.

¿Este verano le pidieron opinión desde la Moncloa o desde el Ministerio de Asuntos Exteriores?

A esa pregunta no puedo responder.

Prudente.

Ante todo, soy institucional. En estos momentos en Europa no se puede socavar la solidez de las instituciones.

Cuando revive los acontecimientos del 2021, cuando recuerda su cese en julio de aquel año, cuando reflexiona sobre la reorientación de la política española sobre el Sáhara Occidental, ¿qué piensa?

Pienso que el tiempo siempre pone las cosas en su sitio.

¿Se arrepiente de haber facilitado la hospitalización en España de Brahim Gali, presidente de la República Árabe Saharaui Democrática y secretario general del Frente Polisario, en abril del 2021?

No me arrepiento de haber autorizado la hospitalización de un ciudadano con pasaporte español. Quizá pequé de coherencia, pero no de ingenuidad.

Muchas voces han acusado este verano al Gobierno de ser demasiado blando con Marruecos. Mucha gente lo sigue pensando, casi tres meses después de la crisis. ¿Qué opina?

La mejor respuesta ante determinadas crisis ha de venir de la firmeza. No se puede apaciguar a quien no tiene problemas con el abuso de la fuerza, sea Rusia, sea otro país. Ante el abuso ha de haber disuasión, no apaciguamiento.

¿No hay que cooperar con Marruecos?

Cooperación con disuasión.

Después de la crisis del 2021, cuando Marruecos dejó en suspenso las relaciones diplomáticas con España, buena parte de la prensa de Madrid manifestaba simpatía con Marruecos. No es ningún secreto, que las recepciones oficiales en la embajada de Marruecos en Madrid suelen ser muy concurridas. Había entonces una significativa atmósfera pro – marroquí. Cuando Argelia estuvo a punto de romper relaciones con España en 2022, por el cambio de posición respecto al Sáhara Occidental, hubo una súbita floración de opiniones proargelinas. Después de la avalancha humana de este verano, la atmósfera ahora es fuertemente anti marroquí. Algunos de los que adulaban a Marruecos hace cuatro años, ahora piden más barcos de la Armada en Ceuta. ¿Qué está pasando?

En nuestro país hay una cierta predisposición al cambio de chaqueta, y en algunos sectores, una notoria falta de seriedad.

¿Hay qué elegir entre Marruecos y Argelia?

No hay que elegir entre Marruecos y Argelia. Hay que trabajar el arte del equilibrio. No hay otra opción que el equilibrismo. ¿Puedes caer? Claro.

Estuve hace unas semanas en el peñón de Gibraltar. No había estado nunca allí. Las conversaciones para un acuerdo sobre Gibraltar en el marco del tratado de Schengen, se iniciaron cuando usted estaba al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores. ¿Se siente reconocida en el acuerdo cerrado este verano?

La esencia del actual acuerdo está en el camino que iniciamos en 2020: abrir la verja, facilitar el paso de las personas, procurar que la riqueza del enclave de Gibraltar ayude a potenciar el Campo de Gibraltar, evitar la cerrazón, abrir espacio, ganar horizonte. Había que europeizar el acuerdo y es lo que ahora se ha hecho. Se ha hallado un marco de estabilidad en un punto fundamental para la geopolítica mundial. Quizá algunos no lo sepan ver, pero es muy importante. ¿Qué significa hoy Gibraltar? Es la única puerta de acceso al mar Mediterráneo que se halla totalmente en manos europeas. Gibraltar es hoy un factor de estabilidad.

Desde la punta del peñón se ve perfectamente la costa africana. Al lado de Ceuta se observa otro montículo, casi simétrico al peñón. En Ceuta lo llaman la Mujer Muerta. Su nombre en los mapas de Marruecos es Jebel Muza, la montaña de Muza. El origen del topónimo Gibraltar es Jebel Tarik. La montaña de Tarik. Muza y Tarik fueron los dos jefes militares musulmanes que iniciaron la ‘conquista’ de la península Ibérica a finales del siglo VIII. Si las cosas cambian en la montaña de Tarik, alguien puede pensar que también deben cambiar en la montaña de Muza. Si España y el Reino Unido se ponen de acuerdo en que Gibraltar sea territorio Schengen, para compartir un mismo espacio de libre circulación, sin arriar banderas; alguien puede pensar que ha llegado el momento de modificar también el estatus de Ceuta y Melilla.

Cuidado, esta es una trampa en la que no hay que caer. Ceuta y Melilla son ciudades españolas en el norte de África, ciudades que pertenecen a la Unión Europea, no son colonias. Gibraltar sí es una colonia, una colonia británica, sobre la cual el Reino Unidos y España han llegado a un cierto punto de acuerdo con el sello de la Unión Europea, puesto que son países que en estos momentos mantienen una relación de confianza, reforzada por la voluntad del actual gobierno británico de volver a aproximarse a la UE. Establecer un nexo entre el acuerdo de Gibraltar y lo ocurrido en Ceuta puede ser una falsa pista.

¿Cómo acabará la cuestión del Sáhara Occidental?

Preste atención a un señor que se llama Massad Boulos.

¿Quién es Massad Boulos?

Es el asesor principal del presidente de Estados Unidos para Oriente Medio y África, un empresario de origen libanés. Es el suegro de Tiffany Trump, la hija menor de Donald Trump. Boulos fue entrevistado el pasado 25 de septiembre por el canal de televisión France 24, y en esa entrevista dijo que no habrá una solución “inmediata” para el Sáhara Occidental, que el asunto pide tiempo y que todas las partes deben ser consultadas. Reconoció que ha mantenido tres rondas de contacto con el Frente Polisario y dijo que la solución exige un referéndum. Los marroquíes no se lo tomaron muy bien. ¿Qué está pasando? El estrecho de Ormuz está en dificultades, los precios del gas y del petróleo están subiendo, sube la inflación, sube el precio del gasóleo, se intenta pactar con Rusia una cuota de exportación de gasóleo que ayude a equilibrar los precios, el gas también se ha encarecido, hay graves incidentes en Francia y Argelia es un gran productor de gas. En el mundo hay diversas líneas de puntos.

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