Moncloa vería "con buenos ojos" una visita del rey a Ceuta pero deja la decisión en manos de Felipe VI

Fuentes del Gobierno explican a 'Público' que en ningún caso "dan instrucciones" a Zarzuela sobre lo que debe hacer o no el monarca. En Moncloa admiten que la Casa del Rey habló de la posible visita en los contactos mantenidos tras el 30 de julio, pero añaden que Zarzuela no ha enviado una "comunicación oficial" confirmando ese deseo. Desde la recuperación de la democracia, solo Juan Carlos de Borbón ha visitado Ceuta y Melilla. Lo hizo en 2007 y Marruecos lo consideró una ofensa y un "acto nostálgico de una era sombría y superada"

Público, Samuel Martínez, 18-08-2026

Moncloa no tendría “ningún inconveniente” y vería “con buenos ojos” una visita de Felipe VI a Ceuta. En conversación con Público, fuentes de presidencia del Gobierno subrayan, eso sí, que “Moncloa no da instrucciones”, en ningún caso, sobre lo que debe hacer o no el jefe del Estado. Por eso utilizan esa fórmula para expresar su posición. En caso de que Felipe VI decidiera visitar Ceuta, Moncloa lo “vería con buenos ojos”. De todas formas, hasta el momento, según las mismas fuentes, no se ha producido “una comunicación oficial” por parte de Zarzuela que exprese esa intención por parte del monarca.

Sin embargo, en los momentos posteriores al cruce masivo de la frontera de Ceuta del pasado 30 de julio, con la ciudad autónoma sumida en la incertidumbre, se produjeron una serie de conversaciones entre los gabinetes del Gobierno y de la Casa del Rey en las que esta última sí puso sobre la mesa la posibilidad de que, en algún momento, Felipe VI viajara al territorio, aunque no se trató de una intención comunicada formalmente. Público ha preguntado al departamento de prensa de la Casa del Rey si considera que, en este momento, es preciso que Felipe VI acuda a Ceuta. No ha habido respuesta.

“Si la monarquía española quiere visitar Ceuta, tiene derecho a hacerlo”, explican las fuentes gubernamentales consultadas: “No nos oponemos”. Es un posicionamiento importante porque el poder ejecutivo tiene en España la facultad de veto a las acciones del rey. Así lo dice el artículo 64,1 de la Constitución española: “Los actos del Rey serán refrendados por el Presidente del Gobierno y, en su caso, por los Ministros competentes”. Pedro Sánchez, por cierto, es el presidente del Gobierno que más veces ha visitado Ceuta y Melilla.

Despejada cualquier incógnita en ese sentido, fuentes del Ejecutivo desmienten categóricamente que, como se publicó en un medio de comunicación, Sánchez prohibiera a Felipe VI viajar a Ceuta durante las horas posteriores al inicio de la crisis. Lo que sí que explican dichas fuentes es que ambos —el presidente y el monarca— mantuvieron conversaciones en esos momentos de alta tensión. Todo ello en un momento en el que las relaciones entre el Gobierno y la Casa del Rey experimentan sus propias turbulencias. Las protagoniza el ministro de Transportes, Óscar Puente, que, en los últimos días ha acusado al rey de cruzar “una línea roja” al realizarse una “ofensiva” fotografía junto al ultraderechista Javier Negre.

Fuera como fuere, y volviendo al asunto ceutí, si Felipe VI decidiera acudir a la ciudad autónoma, esta sería solo la segunda vez en toda la democracia en la que un monarca lo hace. Hasta el momento, solo Juan Carlos I —junto a la entonces reina Sofía— se había decidido a cruzar el Estrecho. Antes, por cierto, lo había hecho ya como príncipe. Pero con el traje de rey, ocurrió en 2007. Tal y como trasluce de la prensa de la época, la visita se leyó como una demostración de músculo por parte del Estado español ante las reclamaciones marroquíes de la soberanía de ambos territorios. La propia fecha que eligió la Casa del Rey para el viaje fue polémica. El rey emérito viajó a Melilla el 6 de noviembre, en el aniversario de la Marcha Verde que organizó Marruecos en 1975 para exigir la salida de España del Sáhara Occidental.

Y el viaje escaló la tensión. Antes de que se produjera, Marruecos expresó con vehemencia su rechazo a que los monarcas españoles se hicieran presentes en Ceuta y Melilla, los únicos dos territorios españoles que aún no habían visitado. El primer ministro marroquí en ejercicio en aquella época, Abbas el Fassi, pidió a Juan Carlos I que reconsiderara la visita y, ante el Parlamento, afirmó que “no ahorraría esfuerzos” para “recuperar las dos ciudades”.

En los días previos a la llegada, se organizaron manifestaciones en contra en Tetuán y Marruecos llamó a consultas a su embajador en Madrid, Omar Azziman. En el documento con el que se comunicó oficialmente ese gesto diplomático, se calificaba a Ceuta y Melilla como “ciudades ocupadas”. Es la misma terminología que se utiliza en la actualidad.

Con Juan Carlos de Borbón ya sobre el terreno, en aquel lejano 2007, El Fassi calificó su presencia de “provocación” y acusó a España de haber traspasado “una línea roja” en lo referente a la integridad territorial marroquí. Y Mohamed VI no se quedó callado. El máximo dirigente del país calificó el viaje de “paso contraproducente” que “golpea los sentimientos patrióticos (…) del pueblo marroquí”. Y culminó con una suerte de amenaza: “Ante este acto nostálgico y de una era sombría y superada, las autoridades españolas deben asumir su responsabilidad en cuanto a las consecuencias que pueden poner en peligro el porvenir y la evolución de las relaciones entre ambos países”.

Una oportunidad para reafirmar la soberanía
Además de Juan Carlos I, también visitaron las ciudades autónomas Alfonso XII (solo Ceuta) y Alfonso XIII (ambas). Como se demostró en 2007, que un rey español ponga los pies en esos suelos tiene poco de protocolario y mucho de geopolítico. ¿Por qué España ha evitado de una forma tan evidente no soliviantar al régimen marroquí con la presencia de los reyes en dos territorios españoles de pleno derecho? Alejandro López, director de Descifrando la guerra y autor de La guerra del Estrecho (Catarata, 2025), tiene clara la respuesta. “Cuando hay calma”, resume, “no se quiere agitar el avispero”.

“Pero ahora”, resuelve, “el avispero está ya agitado”. Para López, el hecho de que Marruecos haya generado una cierta mala prensa a su alrededor tras el episodio del 30 de julio puede abrir una ventana de oportunidad para que España reafirme su soberanía con la visita de Felipe VI sin que el país de Mohamed VI pueda responder de una forma demasiado contundente, más allá de un casi seguro endurecimiento en su discurso. “Con Marruecos”, añade López, “España puede adoptar una estrategia de rendición preventiva o una estrategia ofensiva”. Sin duda, para el politólogo un desembarco del rey, en estos momentos, en Ceuta se encuadraría en la segunda de esas opciones.

López recuerda, en otro orden de cosas, que España tiene mucho más “poder relativo” que Marruecos, empezando por su cartera de socios y terminando por “la carta de disuasión militar”. “La cuestión”, concluye, “es que el Gobierno apuesta por la cooperación, mientras que Marruecos gestualiza para utilizar las cartas que tiene —aunque tenga menos que España— precisamente para aumentar su poder relativo”. Los movimientos migratorios serían una de las cartas marroquíes, mientras que una visita real a Ceuta y Melilla sería una de las españolas.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)