Rajoy, racista «sin mala intención»
La Voz de Galicia, , 14-07-2026Mariano Rajoy, expresidente metido a cronista deportivo, ha incendiado Francia. Escribió que la selección gala, que esta noche se enfrenta a España en semifinales del Mundial, es un «adversario formidable» y un equipo «de altísimo nivel», pero añadió cuatro palabras fatídicas: «Eso sí, sin franceses». Gobernantes y dirigentes políticos del país vecino salieron en tromba a denunciar el racismo implícito en la frase de marras. Todos sus jugadores, explicaron, son franceses: veintitrés porque nacieron allí y los tres restantes porque obtuvieron la nacionalidad. Rajoy, muy en línea con los vientos racistas y xenófobos que soplan en el mundo, se dedica a confiscar pasaportes y negar credenciales a los hijos y nietos de inmigrantes: no son franceses con pedigrí. El comunista Fabien Roussel —un rojo, color que le produce urticaria a nuestro expresidente— tuvo que recordarle que Francia no tiene un color de piel ni una religión: es una nación política unida en torno al ideal republicano. Touché.
Obligado a plegar velas a causa de la tormenta desatada, Rajoy confesó, a través de su partido, que su frase no tenía «mala intención». Era inocente, y yo lo creo, pero eso es lo malo: el racismo aflora sin darte cuenta, casi de forma espontánea, cuando lo llevas incrustado en el tuétano. Con tantos negros por banda, piensas, el de Francia ya no parece un equipo europeo. De «equipo africano» lo tildó Chilavert, portero mítico de Paraguay. Rajoy, dicho sea en su descargo, no pretendía provocar al personal ni pontificar sobre la ley de nietos, la regularización de inmigrantes o la prioridad nacional. Solo quería desgranar obviedades futboleras —gana el que mete más goles—, pero se le fue la mano y sacó a relucir su veta racista. Ni siquiera advirtió que su misma lógica xenófoba podía ser aplicada, sin cambiar una coma, a la España de Lamine Yamal y de Nico Williams. Otra selección también trufada de negro.
Ardo en deseos de leer la crónica de Rajoy sobre el partido de esta noche. Primero, para conocer la identidad de las selecciones que se enfrentan en semifinales. De un lado, la capitaneada por Kylian Mbappé, un «camerunés colonizado (…) prepotente y feo» que, según la senadora paraguaya Celeste Amarilla, chupó cocos en vez de la teta materna y lo más culto que ha oído en su vida fueron los chillidos de los chimpancés. Del otro lado, la Roja —chúpate color, Mariano—, que gira alrededor de la estrella marroquí-guineana llamada Lamine Yamal. Dos africanos, aunque aquel tuvo la ocurrencia de nacer en la banlieue de París y este, cada vez que la lía, trenza con los dedos un 304: los tres últimos dígitos del código postal de Rocafonda, el barrio de Mataró donde se crio. Y aún tengo interés en una segunda cuestión: comprobar si el no-francés Michael Olise, cuatro nacionalidades y un solo dios verdadero, es capaz de perforar el muro levantado por Aymeric Laporte, este sí blanco y francés de pura cepa, de los que añora Rajoy, hasta que el disoluto Pedro Sánchez le concedió la nacionalidad española en mayo de 2021. Por eso, después de leer la epístola deportiva de Rajoy a los corintios, ya no sé qué bufanda ponerme o qué bandera ondear esta noche.
(Puede haber caducado)