La población de Gipuzkoa se ve en su mejor situación económica, pero "más preocupada y cansada"

La Diputación admite el reto generacional de la vivienda: es la gran preocupación del 66%, pero afecta personalmente al 40% de los jóvenes, frente al 22% del conjunto

Diario de noticias de Gipuzkoa, Mikel Mujika, 14-07-2026

La situación económica personalde los guipuzcoanos es la mejor de toda la serie histórica. El 94,3% le concede al menos un cinco a sus finanzas —el 82,3%, un seis o más—, con una nota media de 6,69 sobre diez. Casi tres de cada cuatro hogares aseguran llegar a final de mes sin problemas. La fotografía material muestra una sociedad económicamente sólida, más desahogada que en abril de 2019, antes de la pandemia. Pero esa misma sociedad se percibe “más preocupada y cansada”, y la propia Diputación admite la existencia de un “reto generacional” que se refleja en la vivienda: afecta personalmente al 40,4% de los jóvenes de 18 a 29 años, frente al 22,3% del conjunto de la población.

Económicamente saneados, pero más tensionados. El 57,5% considera que la población guipuzcoana está más preocupada que hace unos años y el 49,7% la percibe más fatigada. Una quinta parte la ve también más desmotivada o irritable. Ese desgaste no se traduce, sin embargo, en una sensación generalizada de infelicidad: el estado anímico personal conserva un notable (7,41) y la red de apoyo familiar y social continúa siendo el indicador mejor valorado (8,02).Los jóvenes son los más optimistas, pero entre los 46 y 60 años se abre una brecha entre quienes viven mejor y un 5,7% que no llega a final de mes

Esta contradicción entre fortaleza económica e inquietud colectiva es la principal fotografía que deja el nuevo Sociómetro de Gipuzkoa, elaborado a partir de 1.500 entrevistas realizadas entre el 25 de junio y el 1 de julio. La población valora su situación personal bastante mejor que en 2019, pero quiere protegerla ante un futuro que percibe con incertidumbre. La vivienda se dispara como preocupación principal del 65,8% de los encuestados.El bienestar económico no llega igual a todas las edades. Los jóvenes de 18 a 29 años son quienes más perciben una mejora —el 47,1% cree que su nivel de vida ha subido y el 46,6% espera seguir progresando—, frente al 9,9% y el 5,7%, respectivamente, entre los mayores de 60 años, cuyo horizonte es sobre todo mantenerse como están.

¿Llegas a fin de mes?Entre ambos extremos aparece la franja de 46 a 60 años, que rompe el relato de bonanza generalizada. Un 5,7% de sus hogares no llega a final de mes —casi el doble de la media guipuzcoana, del 2,9%, y también del porcentaje registrado en esa misma edad en 2019—, mientras solo un 12,3% asegura hacerlo con verdadera holgura, frente al 17,6% del conjunto. Quienes viven muy justos y con restricciones bajan del 36,8% al 24 – 25%. Mejora la mayoría, pero empeora el grupo más vulnerable, en una especie de polarización económica.

La nota de 6,69 corona una escalada sostenida: 6,27 en abril de 2019, 6,63 en mayo de 2025 y 6,64 en diciembre. “Gipuzkoa avanza desde la estabilidad, afrontando con atención y responsabilidad los principales retos sociales y del territorio, pero manteniendo la confianza en su economía, en su modelo de bienestar y en sus fortalezas como comunidad”, ha resumido la portavoz foral, Irune Berasaluze.El 80,5% cree que su situación personal se mantendrá estable o mejorará durante el próximo año: un 46,9% espera estabilidad y un 16% confía en una mejoría, frente al 26,8% que prevé un empeoramiento.

La percepción también mejora respecto al peor momento reciente: quienes creen que su nivel de vida ha empeorado bajan del 37,4% de septiembre de 2023 al 26,8% actual. Son diez puntos porcentuales de diferencia en apenas tres años.

La situación económica declarada es hoy mejor, pero eso no siempre se traduce en una sensación equivalente.

En 2019, antes de la pandemia, la encuesta no preguntaba sobre bienestar emocional, en el que nos damos un notableEmocionalmente bien, pero menos

En 2019 ni siquiera se preguntaba por el bienestar emocional. Hoy es una cuestión central del Sociómetro y muestra precisamente esa distancia entre mejora material y desgaste percibido. Los jóvenes de 18 a 29 años son quienes mejor valoran su estado anímico (7,63), mientras la nota baja al 7,28 entre los 46 y 60 años. Los hombres se conceden un 7,53 y las mujeres, un 7,32. La media general (7,41) cede ligeramente respecto a diciembre (7,49) y finales de 2024 (7,48).

La preocupación por la delincuencia baja, pero divide Gipuzkoa en dosMikel Mujika

La vivienda se consolida como la principal preocupación ciudadana, muy por encima del 54,3% de diciembre de 2025 y del 50,2% de mayo de ese mismo año. Por detrás aparecen el empleo y la precariedad laboral (22,2%), apenas por encima de la sanidad y Osakidetza (20,8%). La pregunta es espontánea y múltiple: cada persona menciona los problemas que primero le vienen a la cabeza, sin una lista cerrada.

El mapa cambia cuando la pregunta aterriza en nuestro día a día. La vivienda sigue en cabeza, pero baja del 65,8% como problema colectivo al 22,3% como dificultad personal y es equipara a otras cuestiones como la economía, la sanidad y el empleo. Aparecen además asuntos menos visibles en el debate público, como la conciliación familiar, que afecta al 4%.

Principales preocupaciones• Vivienda: 65,8% • Desempleo y precariedad laboral: 22,2% • Sanidad / Osakidetza: 20,8% • Seguridad ciudadana y delincuencia: 14,5% • Situación económica y calidad de vida: 10,3% • Inmigración: 9,2% • Educación: 5,4% • Pocas ayudas a la tercera edad y residencias: 4,5% • Transporte público: 3,9% • Pérdida del euskera y de la identidad euskaldun: 3,4% • Turismo masificado: 3,3% • Carreteras e infraestructuras: 3,2% • Futuro de los jóvenes y falta de ayudas: 2,6% • Política, políticos y transparencia en la gestión: 2,4% • Medio ambiente y cambio climático: 2,3% • Ayudas sociales mal repartidas: 2,3%

La inmigración, que se había multiplicado por más de seis desde 2019 como principal preocupación, y alcanzó el 13,3% en diciembre, retrocede ahora al 9,2%. Pierde así cuatro puntos en seis meses y rompe la escalada reciente, aunque sigue muy por encima del 1,5% registrado antes de la pandemia. Es decir, baja con claridad, pero no vuelve ni de lejos a los niveles de entonces.

El euskera, herido

Turismo masificado, educación y medio ambiente quedan en una segunda línea de las preocupaciones espontáneas, con un 3,3%, un 5,4% y un 2,3%, respectivamente. El cambio climático apenas aparece espontáneamente, pero sube al 20,9% cuando se ofrece como prioridad institucional.

Esa lista sugerida confirma hacia dónde mira la ciudadanía: vivienda (67,6%), sanidad (56%), ayuda a las personas económicamente vulnerables (40,6%) y precariedad laboral (33,4%) encabezan lo que pide a sus instituciones.

Valoración de los dirigentes políticosMendoza es menos conocida, pero más valoradaLa diputada general, Eider Mendoza, es la dirigente menos conocida de las tres incluidas en el estudio —la identifica el 51,9% de la población—, pero obtiene la mejor valoración, con un 5,73. El lehendakari, Imanol Pradales, está prácticamente empatado, con un 5,72, y es conocido por el 87,8%. Pedro Sánchez alcanza un grado de conocimiento casi total, del 98,6%, aunque su valoración se queda en 4,95.

La exigencia de que la Diputación garantice la estabilidad económica sube de 7,44 a 7,62 en año y medio, mientras la de mantener la estabilidad política y evitar la confrontación entre partidos baja de 7,25 a 7,04.

La confianza en la política se sitúa en el 28,8%, frente al 17,2% de 2023, aunque la desconfianza sigue siendo mayoritaria: un 67,1% no cree en ella, frente al 75,3% de la fotografía prepandemia de 2019.

Mejor los ayuntamientos

Las instituciones aprueban, pero no seducen y mantienen el mismo patrón: mejor, cuanto más cerca. Los ayuntamientos reciben un 5,52; la Diputación (5,43); el Gobierno Vasco (5,29); y el Gobierno español se sitúa a la cola (3,81). “La proximidad, la capacidad de respuesta y la presencia en el día a día siguen siendo elementos fundamentales para recuperar la confianza”, ha apuntado Berasaluze.

La percepción sobre la salud del euskera sí empeora claramente: cae del 6,06 de diciembre de 2024 al 5,61. Y son los euskaldunes quienes peor la valoran (5,36), frente a quienes no hablan la lengua (6,29).

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