«Queremos aprovechar esta oportunidad de seguir creciendo»

Deysi y Zelmar conforman un joven matrimonio uruguayo, de origen vasco, que reside en Eibar

El Correo, 09-07-2006

Deysi Rodríguez Aristimuño y Zelmar Echegoyen Ferreira conforman un joven matrimonio de uruguayos de 27 años radicados en Eibar.

Ella fue la que dio el primer paso, a través de una beca de formación concedida por el Gobierno vasco, aunque luego él siguió sus pasos y ahora disfrutan de una situación cada vez más estabilizada que les permite dibujar un futuro de expectativas. Echan de menos algunas cosas, al margen de familia y amigos, como los asados de su país, «el sol», dice Deysi, «y el viento», añade su esposo. Aún así disfrutan de la oportunidad que se les brinda, en la certeza de que es una experiencia de vida a través de la que podrán «seguir creciendo».

– ¿Cómo llegaron aquí?

– (Deysi). Hice una licenciatura en relaciones internacionales y al terminar nos apuntamos a una beca que daba el Gobierno vasco para jóvenes latinoamericanos descendientes de vascos. En mi caso, de quinta generación. Además éramos miembros de ‘Euskalerria’, sin ‘h’, una de las tres casas vascas de Montevideo. Empezamos a ir allí porque a Zelmar le gustaba la cultura vasca por tener aquí sus orígenes, y nos apuntamos a clases de euskera.

– ¿Y qué sucedió?

– Dos años después surgió la posibilidad de las becas, nos apuntamos ambos, pero inicialmente sólo me la dieron a mí. Consistía en hacer cursos de formación profesional de dos años, centrados en oficios o profesiones demandadas en Euskadi. La idea es venir y formarte en lo que aquí interesa. En mi caso hice un curso de comercio internacional en la ‘Uni’ de Eibar.

– ¿Satisfecha con la elección?

– Me fue bien. Incluso me concedieron un premio simbólico por tener las mejores notas y luego hice las prácticas durante tres meses en una empresa de Elorrio, donde ahora ya trabajo. Estoy en la oficina y ayudo como comercial de exportación, gestionando los pedidos de los clientes, facturación, etc.

– ¿Así de sencillo?

– No. Antes de comenzar a trabajar, tras las prácticas, tuve que esperar seis meses hasta concretarse el proceso de regularización. Mientras tanto estuve trabajando como camarera en un bar de Eibar por las noches. Compatibilizarlo se me hizo duro, porque al día siguiente me tenía que levantar a las seis y media.

– ¿Cómo sobrelleva estar lejos de su país?

– Soy la mayor de tres hermanos y me vine con ilusión por conocer algo nuevo, seguir estudiando y tener otra oportunidad. Lo que más duro se me hizo fue la separación de Zelmar. Éramos novios desde los 19 años y vino esa misma Navidad, como turista. Estuvo aquí un mes y, antes de separarnos de nuevo, nos casamos. Fue una locura del momento. Más adelante él consiguió también la beca, en la siguiente convocatoria, y tras estudiar automatización en la Escuela de Armería, ahora hace las prácticas en San Sebastián y realiza un doctorado en robótica.

– ¿Acusaron mucho el cambio?

– Acá son de mucho pescado y nosotros somos de carne roja de siempre, pero más allá de la alimentación las principales diferencias son culturales, a pesar de que prácticamente uno de cada cinco uruguayos seamos de descendencia vasca o gallega. Lo que más me llamó la atención al aterrizar fue el paisaje tan verde. Siempre me había preguntado el porqué, pero al ver el ‘sirimiri’ ya lo comprendí. Sí echamos de menos algunas cosas, como ir al estadio el domingo para ver al Peñarol o al Nacional, en su caso.

– ¿Alguna vez se han sentido discriminados?

– (Zelmar). Nunca. No hemos tenido problemas para integrarnos. Al contrario, la gente que te escucha hablar enseguida se interesa por nuestra procedencia y tal vez por ser uruguayos o argentinos hay menos discriminación que si eres boliviano o marroquí, es cierto. Además, al saber que tenemos apellidos vascos nos sienten un poco de aquí.

Crisis económica

– ¿Por dónde pasan sus planes de futuro?

– (Deysi). No tenemos planteado algo como para toda la vida, pero sí queremos aprovechar esta oportunidad que tenemos de seguir creciendo y progresar en lo profesional. Además, ya que estamos en Europa, aprovecharemos para tomar el avión o el tren y conocer cualquier sitio. De momento sólo hemos podido ir a Tenerife de luna de miel y unos pocos días a Suiza, donde tenemos familia.

– ¿Cómo está Uruguay?

– Mejorando. Comparado con otros países de América Latina siempre ha estado bien, pero nos salpicó la crisis económica de Brasil y de Argentina, allá por el 2000, puesto que la mitad de nuestras exportaciones van para aquellos países. Somos apenas tres millones de habitantes y el salario medio puede ser de 200 ó 300 euros, y el básico apenas 150, aunque hay diferencias muy grandes. Claro que también los precios son diferentes y un alquiler cuesta unos 100 euros.

– Bastante menos que aquí.

– Desde luego. Al principio estuve viviendo en la residencia para estudiantes de la ‘Uni’, pero al venir él buscamos un piso, en Paguey.

– ¿Han tenido ocasión de regresar a su país en todo este tiempo?

– Sí, en julio del año pasado, tras dos años. Apenas tenía 15 días de vacaciones, pero me vino bien para cargar otra vez las pilas y volver con fuerzas.

– ¿Se reúnen con otros compatriotas?

– Hay una asociación nueva en Bilbao y estuvimos en algunas reuniones, pero somos muy poquitos en el País Vasco y no sabemos de más uruguayos en Eibar, al margen de los futbolistas del Eibar, Jorge Iván Pailos y Federico Magallanes. En Deba sí hay 5 ó 6 y todos ellos trabajan en hostelería.

– ¿Se siente extranjera muy a menudo?

– Sé que mi lugar es Montevideo, pero también siento que ahora Eibar forma parte de mi vida y el hecho de haber venido a estudiar me ha ayudado a hacer amigos. Eramos diez y quedamos de vez en cuando a tomar un café o a cenar.

Bares y fiestas

– ¿Qué es lo que más le llama la atención?

– Sobre todo que hay muchos bares y muchas fiestas. Precisamente cuando trabajé en el bar me hizo bien conocer a gentes de todas las edades y pude comprobar que no hay tanta diferencia de clases, porque puedes hablar con un profesional, con un obrero o una señora que limpia. En mi país no es así.

– ¿Estan satisfechos con la experiencia?

– Estamos contentos por la experiencia y por la gente que hemos conocido. Incluso en el Ayuntamiento nos han orientado, desde el servicio de inmigración. En mi caso no he tenido problemas de documentación, pero saber que aquí te pueden ayudar, incluso a integrarte, viene bien a quienes venimos de lejos.

– ¿Cómo se maneja con el euskera?

– Allí en el centro vasco estábamos estudiándolo, aunque muy básico. Aquí sí estuve en el euskaltegi y aprendí bastante el primer año. Luego también aprendí en el bar e intento usarlo lo que puedo. Entiendo y me hago entender.

– (Zelmar). Le da vergüenza decirlo, pero lo habla muy bien.

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