El psicólogo que vino del Este

La Vanguardia, 28-05-2006

Humanista y científico, enamorado de Barcelona, añorado de la paz, avanzado a su tiempo. El profesor V. Jorge Wukmir (Korenica 1896 – Barcelona, 1976), que vivió y desarrolló sus investigaciones en psicología en la capital catalana durante la dictadura franquista, ha recibido por fin, a los treinta años de su muerte, reconocimiento académico. La Universitat de Barcelona homenajeó esta semana a su psicólogo olvidado, fundador de la psicología de la orientación vital (Orexis), una teoría de raíz biológica que valora el sentir de la célula humana como motor del comportamiento. Semejante análisis de las emociones le convirtió entonces en un precursor, pero sin eco. Por tres razones: su pseudoclandestinidad, su erudición y sus avanzados planteamientos.
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Wukmir – significa “lobo paciente” – se llamaba en realidad Vladimir Velmar – Jankovic y era un exiliado yugoslavo de la clase alta serbia, cultivado tanto en las letras como en las ciencias en Viena, Budapest y Belgrado. Virtuoso del violín, dramaturgo, pensador, novelista, premio Nacional de Literatura y Teatro y viceministro de Educación en su país, Wukmir atravesó cuatro guerras – las civiles y las mundiales – negándose a militar en nada: ni fascismos, ni comunismos, ni imperialismo americano, ni nacionalismos balcánicos. Pacifista a ultranza, su condición de políglota pudo haberle llevado a establecerse en cualquier capital, pero escogió Barcelona, “ciudad cosmopolita de hermosa luz”. Aquí escribió en los sesenta las obras que sustentan su teoría: Psicología de la orientación vital,El hombre ante sí mismo y Emoción y sufrimiento.En Ciencia, ¿ídolo o peligro? se preguntó adónde nos llevan las tecnologías.
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En los 30 años que pasó en España, Wukmir jamás reveló su verdadero nombre ni revalidó sus títulos. No volvió a su país. Quiso ser “un hombre privado”. Su prestigio le permitía dar clases en la facultad de Filosofía o Medicina y participar en congresos internacionales, pero se ganaba la vida leyendo manuscritos para editoriales (a él se debe la publicación de Papillón).
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“Sabemos poco de su vida antes de llegar a Barcelona”, confiesa su discípula M. ª Pilar González, catedrática de Psicología Social de la UB. “Se reservaba su pasado en silencio con una sonrisa gentil y tolerante, pero pudimos entrever la densidad de sus experiencias. Escapó ligero de equipaje de la Segunda Guerra Mundial y su emigración se materializó en un sencillo vivir sereno y consecuente. Nuestro extraño profesor,como le llamábamos, logró el equilibrio de ser persona como proponía su obra. Nos enseñó que es factible cultivar la serenidad interior para vivir por la paz y ser posible en ella”.
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El tiempo y la ciencia le han dado la razón. Algo tan puntero en física cuántica como la nanobioinfocognición lo apuntaba Wukmir hace 50 años. “Su pensamiento era tan avanzado que no podía ser comprendido, no estábamos preparados”, dice González. “Su lenguaje de base científica fundado en terminologías del latín y griego era difícil, si bien la divulgación ha sido más didáctica”, añade la que fue miembro del grupo Orexis de investigación, fundado por el propio Wukmir y en cuyos continuadores pervive su teoría. La UB lo valora ahora como uno de los más importantes investigadores en psicología. Lo recordaron en homenaje académico sus colegas, los catedráticos eméritos Miguel Siguán y Carlos Ballús; sus discípulas M. Dolors Riba y la propia González, y sus continuadores. El vicerrector Josep Samitier alentó el acto en el aula magna, al que asistió el cónsul de Serbia y Montenegro (o deberíamos decir Serbia). Su país le reivindica y quiere conocer el legado científico que dejó en España, que a su vez siente curiosidad por su obra literaria. Según se desprende de Entre tinieblas,la biografía que redactó su hija, Wukmir escribía también sobre arte.
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No obstante, ya en el exilio, se volcó en la ciencia para profundizar en la psicología y chocó con las dos corrientes más poderosas de la época: el psicoanálisis y el conductismo. “Era precursor en muchos campos – indica González – : era cognitivista cuando faltaban años para que se estableciera tal paradigma, y emocionalista 50 años antes de Daniel Goleman y su Inteligencia emocional.Además, se adelantaba a lo sistémico al relacionar célula – organismopersona y al sentido de la resilencia,al contemplar que la célula oponía resistencia al estímulo exterior”.
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El camino está en la interiorización, decía Wukmir. Agnóstico y admirador de Buda, el ser humano, decía, está programado para sobrevivir, a no ser que la célula se desoriente, cosa que según él sucede cuando no puede soportar la tensión y el esfuerzo de la superviviencia. Entonces se estresa. ¿Se referiría al principio cancerígeno?
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