Los que vienen en patera, con nombres y apellidos

La Fundación Por Causa y Andalucía Acoge han presentado su informe “30 años de muertes de migrantes en el Estrecho” con cuatro supervivientes que ponen cara y voz a las cifras de este genocidio.

Público, Marta Nebot, 07-11-2018

El día de todos los muertos –sean santos o no–, de hace 30 años, el fotógrafo Ildefonso Sena documentó la primera muerte de una persona migrante en el Estrecho de Gibraltar. Era el año 1988 y el mar escupió el cuerpo de un marroquí de 23 años sobre la playa gaditana de los Lances, donde se hizo esta foto. El joven, nacido en Nador, había pagado 35.000 pesetas para que lo llevaran a Europa a encontrar trabajo. Desde entonces, 6.714 personas han muerto en el Estrecho intentando llegar a España, según Andalucía Acoge y la Fundación Por Causa; aunque, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), por cada migrante fallecido documentado hay otros dos de los que no se sabe nada.

Andalucía Acoge y Por Causa han presentado un informe sobre estos 30 años que dice que al menos 279.035 personas entraron irregularmente por el Estrecho entre 1999 y el 15 de octubre de este año. En 2018 se ha registrado el récord de llegadas, 43.467 en lo que va de año, superando las 39.180 del 2006, cuando “la crisis de los cayucos”. Ese año se produjo el máximo histórico en número de muertos: 1.167 fueron contabilizados. Esta año llevamos 239 y 279 desaparecidos.

Pero como los muertos no hablan y las cifras tampoco, Andalucía Acoge y la Fundación por Causa organizaron un encuentro con cuatro supervivientes a esta peligrosa ruta del mediterráneo occidental, en la Universidad Pontificia de Comillas.

Marian Akosa, tiene 40 años y salió de Nigeria (Biafra) en 2007 porque abusaron sexualmente de ella y la agredieron varios grupos que la amenazaron de muerte por el enfrentamiento entre religiones en su país. Además, huía de la ablación. Vino en barco, protegida por unos sacerdotes con un pasaporte falso. Hoy vive en Fuengirola, no tiene trabajo pero lo busca e intenta estudiar para conseguirlo, pero es una pescadilla que se muerde la cola. Lloró e hizo llorar contando su desesperación de aquí y ahora, a punto de ser desahuciada, en un país que no la quiere, que no la ayuda, que no le da una oportunidad.

Abdellatif Laqiasse, tiene 30 años y salió de Marruecos en octubre de 2003 cuando tenía 15. En aquella época, recuerda, todos los chavales de su edad solo pensaban en emigrar y en alejarse de las injusticias diarias. Salió de su casa en Marrakech hacia Tánger en compañía de un integrante de una mafia que se dedicaba a hacer documentación falsa a niños para traerlos en barco, pero el plan inicial no salió bien y tuvo que buscarse la vida para cruzar en patera el Estrecho. El viaje duró 36 horas y no quiere hablar de él porque 15 años después le sigue entristeciendo. Entró por Tarifa (Cádiz) y durante un año y medio vivió en la calle, hasta que lo cogió la Policía y lo internó en un centro de menores. Lo soltaron a sus 18, y alternó trabajos precarios hasta que decidió estudiar. Se sacó la ESO y llegó a la Universidad; se tituló como educador social y en la actualidad trabaja como tal en Córdoba con niños que son como fue él.

Marian Berete tiene 22 años y salió de Guinea Conakry porque su padre quiso casarla cuando tenía 14. Su madre y su tía la escondieron y al fin tuvo que huir. En la huida la violaron y decidió tener al niño fruto de aquello. Ya en Marruecos su tía cruzó el Estrecho con él, en patera, dejándola atrás por las prisas de los traficantes. Quedó sola en un país ajeno, sin recursos y sin su bebé y, cuando se enteró de que se lo habían quitado a su tía y estaba en un centro de menores, decidió venir a buscarlo. Llegó en febrero de 2015, con 19 años, por la frontera de Melilla, después de pagar 2.000 euros para que la ayudaran a colarse. Ha conseguido encontrar a su hijo, que ya tiene 7 años, pero no se lo devuelven. Se llama Said y ahora lo ve una vez al mes, aunque estuvo 5 años sin verlo. Marian vive en Algeciras (Cádiz), está en paro, habla 8 idiomas y necesita un contrato laboral para que la Junta de Andalucía le devuelva la custodia de su hijo.

Mahamadou Simakha tiene 25 años y salió de Mali el 10 de octubre de 2013 por la guerra. Viajó a Marruecos y desde allí pasó la frontera con Ceuta atado y escondido bajo el asiento trasero de un coche, en un trayecto que casi le cuesta las piernas. Tardó más de un año en cruzar y después, ya en España, lo pasó muy mal durante cinco años. Vagabundeó, se buscó la vida, no siempre la encontraba. Hoy tiene papeles, trabaja como integrador social, estudia, se ha casado y va a ser padre de una niña a la que quiere enseñar a tener “esperanza”.

Los periodistas Lula Gómez, Jesús Cintora, Virginia Pérez Alonso y yo les hicimos preguntas para ayudar a que sus historias sean escuchadas. Mientras lo hacíamos una alerta informativa llegó a nuestros teléfonos:

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