27 de abril: Día de la comunidad gitana de Navarra

Diario de Noticias, Ricardo Hernández, 27-04-2015

Si no fuera por Florencio Idoate Iragui, difícilmente hubiéramos conocido la existencia del primer documento de la entrada de los gitanos en Navarra. Se trata de una donación hecha por la Corte de la reina doña Blanca de Navarra en el castillo de Olite a Thomás, conde de Egipto Menor, que, en compañía de un grupo de personas, solicitan estancia en el Reino de Navarra para después emprender viaje como peregrinos a Santiago de Compostela. Este acontecimiento histórico sucedió un 27 de abril de 1435, y con él se inició la historia de los gitanos en Navarra.

El texto legal más remoto que prohíbe la estancia de los gitanos en Navarra data de 1549 y “pide a las Cortes de Tudela que, una vez hallados dentro de Navarra, se les den 100 azotes y se les expulse”. Posteriormente, en 1569, se dicta una ley que busca un criterio de diferenciación entre los pobres verdaderos y los gitanos.

En 1573 Carlos de Bustamante, Francisco del Campo, Gaspar de Ribera y otros compañeros vecinos de Falces y Larraga, todos ellos gitanos navarros, se querellaron por no ser readmitidos en dichos lugares de los que se habían ausentado durante algún tiempo. En los casos de Carlos de Bustamante y Francisco del Campo era por haber estado en las filas del Rey, combatiendo a los moriscos sublevados, y prueba de ello eran las gloriosas heridas que les habían dejado manco de un brazo a uno y sin pierna al otro. Al no encontrar suficiente materia delictiva, se les confirmó en sus derechos de vecindad, con la condición de renunciar a su traje y a su idioma.

Los textos legales de 1580, 1583, 1596, 1624, 1628: “Los gitanos no pueden entrar, pasar o estar en este Reino, pena de doscientos azotes y cinco años de galeras, y las gitanas pena de cien azotes y destierro perpetuo, y se revocan las licencias dadas para vivir en este Reino”.

Sin embargo, por la referida Ley Perpetua de 1678, se puede observar que ya en esa época había gitanos domiciliados en algunos pueblos ejerciendo varios oficios. Durante el siglo XVII la situación de los gitanos en Navarra empeora y se les obliga a que abandonen sus oficios habituales y se dediquen exclusivamente a la agricultura y a que residan únicamente en ciudades de más de 1.000 habitantes, prohibiéndoles la tenencia y venta de ganado.

En la vecina Francia tampoco les iba muy bien. Un edicto de Luis XIV ordenaba en 1675 su exterminio a hierro y fuego, y un poco antes, en 1641, la Asamblea de los Estados de la Bajada Navarra, reunida en Saint Palais, prohibía dar asilo a los bohemios y hacer tratos con ellos. Así mismo se apunta que hablaban su propia lengua (romanés), además del castellano, francés y euskera, como así da fe un gitano llamado Ustáriz, del valle del Baztan.

Mediante Ley de las Cortes de Navarra de 1780 – 1781 se establecieron las Juntas de Caridad para organizar hospicios donde educar a los niños gitanos. La Constitución de Cádiz en 1812 reconoció la situación jurídica de los gitanos como ciudadanos españoles. Las legislaciones y pragmáticas antigitanas nunca pudieron con un pueblo que solo quería vivir en paz.

A pesar de las vicisitudes los gitanos de Navarra podemos presumir de gitanos muy ilustres, entre ellos Francisco Javier Echeverría Navarlaz, más conocido como el chunchunero gitano. De él sabemos que en los años treinta del siglo XIX era uno de los músicos más aclamados, acompañaba a los Gigantes de Pamplona, un cronista de la época lo describió así: “Allí estaba también el honrado gitano de Orcoyen, Javier, el mismo de hace unos cuarenta años, con el mismo color cobrizo, el mismo chaleco, el mismo chulubit, y creo que el mismo parche en el tamboril. Pero el colmo, el extra, fue cuando la gente le invitó a que bailase la jota rasgueada de su repertorio al son de otro chunchunero. Como di diávolo! ¡Qué brincar!, ¡que trenzar piernas!, ¡qué mover brazos! Hay que verlo, hay que verlo señor directamente; la Plachiara a su lado bailando habría parecido un picador levantándose de la arena”.

En 1908 el Ayuntamiento de Pamplona le rindió un merecido homenaje por todos sus años dedicados a la Comparsa de Gigantes.

Otro destacado embajador de la cultura gitana es Agustín Castellón Campos, Sabicas, nacido en la calle Mañueta de Pamplona en el año 1912, uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos. Murió en Nueva York en 1990, su última voluntad, ser enterrado en su Pamplona querida. El gobernador del Estado de Nueva York formuló una declaración institucional por el legado y trayectoria profesional del maestro Sabicas.

Para mí la mejor embajadora de la cultura gitana hoy en Navarra es Ángela Gabarre Moreno, tiene 17 años y estudia 3º de la ESO en el IES Ribera del Arga de Peralta. Recientemente, en la jornada de juventud que se organizó en colaboración con el INDJ en el marco del Abril, mes de la cultura gitana, realizó un discurso de clausura que emocionó a todos los asistentes. “Una de las cosas que es necesario consolidar, y lo pido expresamente a todas las familias, es que deben creer en la importancia de los estudios, tienen que valorar lo escolar. Yo me pregunto, porque la mayoría de padres y madres no habéis podido estudiar, ¿queréis que nos pase a nosotros lo mismo?

El autor es coordinador de la Federación de Asociaciones Gitanas de Navarra Gaz kaló

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)