Otras miradas

A propósito de Ceuta y la neolengua del Gobierno

Público, Antonio Castro, 14-03-2014

Si hay algo que me ha sorprendido enormemente —y soy consciente de lo mucho que se ha reducido mi capacidad de sorpresa en los últimos años— es que el actual gobierno español pudiera tener la menor incidencia sobre el desarrollo del pensamiento occidental. Que no se me entienda mal. Soy perfectamente consciente de la enorme aportación que en el campo de los eufemismos ha llevado a cabo el presente ejecutivo, hasta el extremo de que no sería descabellado considerar que ha invertido mucho mayor tiempo y esfuerzo en este trabajo que en el de preparar los decretos con los que nos ha venido martirizando durante casi todos los viernes probablemente para recordarnos —hay mayoría ultra(católica) entre los ministros— que por eso existe la tradición ultramontana de los viernes de dolor. Sería notablemente sugerente hacer una recopilación de la cantidad de eufemismos, de palabras que se han ido sustituyendo cuidadosa y reiteradamente para que quedaran privadas de sentido y/o la mayor parte de la gente ignorase su significado. Obviamente era una forma de desactivar el sentido de las palabras —con un deliberado intento añadido de camuflar los hechos y engañar al electorado—, pero el reinado del eufemismo es el resultado de una oscura labor de fontanería, chapuza que nunca podría ser considerada una verdadera aportación significativa en el campo del pensamiento.

En cambio, tras lo ocurrido en Ceuta el pasado 6 de Febrero tengo que reconocer y hacer pública mi más completa rectificación. Al socaire del brillante descubrimiento de la frontera retráctil, el Gobierno ha insinuado la que pasará a los anales como una verdadera e importante contribución, aunque su modestia innata —y la adquirida— no haya permitido que pasaran del terreno de la insinuación. Trataré de explicar, para los profanos en la materia, con la mayor claridad de la que soy capaz, lo trascendente de semejante aportación. Si para solucionar el problema de los inmigrantes subsaharianos, la frontera española puede ser variable, modificarse a capricho, voluntad e interés de los diferentes integrantes del gobierno, la aplicación de este brillante concepto al de la verdad de los hechos, puede llegar a resolver entre otros muchos, el tremendo embrollo en el que se encuentra metido en este momento el Gobierno de la nación. No se puede minimizar la trascendencia de semejante hallazgo, puesto que —entre otras cosas— lograría que versiones aparentemente contradictorias como las que sucesivamente han defendido, el director general de la Guardia Civil, el delegado del Gobierno en Ceuta y el propio Ministro del Interior, no fueran en realidad irreconciliables e imposibles de coexistir, sino, por el contrario, todas ellas serían ciertas, fiables, y absolutamente verídicas, a tenor del nuevo concepto de la verdad retráctil, movible, desplazable a conveniencia del interesado.

Si después de la lección de coherencia y de verdad impartida por el Gobierno y sus subordinados, alguien persiste en mantener que lo que reflejan esas diferentes versiones es que —por lo menos— todos menos uno mienten y tratan de engañar a los ciudadanos, solo puede deberse o bien a una innegable mala fe y empecinamiento, o –lo que es aun peor y más probable— a un perverso plan urdido por los radicales antisistema que tratan de aprovechar cualquier mínima excusa para minar la democracia y acabar con los derechos que con tanto esfuerzo y sacrificio han ido conquistando los sufridos votantes de nuestro país. Finalmente mantener que se intentan ocultar y manipular documentos, y que filmaciones independientes han demostrado lo que realmente sucedió, significa empecinarse en mantenerse históricamente desfasados, “en la época de la Revolución francesa”, obstinarse en negar la evidencia de la verdad retráctil. Pero afortunadamente tenemos un Gobierno responsable que está en condiciones de asegurar que el recorrido de semejantes felones es muy corto, porque la inminente ley de seguridad ciudadana acabará para siempre con semejantes practicas subversivas, impidiendo tanto las grabaciones como las difusiones de imágenes que tengan por objeto deshonrar el impoluto y sagrado nombre de nuestra Patria, y por consiguiente denigrar y mancillar la marca España —aunque es muy posible que el orden real sea justamente el inverso—.

Mucho más espinoso es el tema de a quien corresponde verdaderamente el mérito de semejante hallazgo. Las voces más autorizadas no acaban de ponerse de acuerdo, dado que aunque hay una mayoría que opina que la verdadera autoría intelectual solo puede atribuirse en puridad a Mariano Rajoy, que además contribuyó decisivamente de forma material con su antológico “resiste Luis”, no podemos ignorar que se alzan voces que consideran que no es justo dejar fuera aportaciones de autores materiales tan relevantes y diferentes como las de Cospedal y su contrato en diferido, Bárcenas y las ganancias en bolsa, Soria y las facturas eléctricas, Montoro y la bajada de impuestos, Juan Carlos y las amigas entrañables, Urdangarin y Noos, la infanta Elena y la teoría del amor, Blesa, Caja Madrid y la estafa de las preferentes-, Rato y Bankia, Wert y los Goya, Aznar y Valladolid etc.

Pero todos estos precedentes no pueden ocultar que el decisivo impulso final fue obra de Arsenio Fernández de Mesa y Jorge Fernández Díaz que consiguieron, valorando adecuadamente los precedentes, la cuadratura del círculo, una nueva teoría sobre la verdad, la creación del concepto de verdad retráctil. Estoy convencido de que no exagero resaltando la decisiva importancia que tendrá en el desarrollo futuro del pensamiento humano. Puestos a poner pegas quizá lo único que se podría reprochar es que llega un poco tarde. Si semejante hallazgo se hubiera producido años antes, es muy probable que Nixon no hubiera tenido que dimitir y Clinton se habría ahorrado una enorme cantidad de problemas. Pero sin necesidad de irnos a “lejanos continentes” si hace 10 años la teoría de la verdad retráctil hubiera sido adecuadamente acuñada, todas las teorías gubernamentales sobre la autoría de ETA de la matanza de Atocha, las declaraciones de Aznar, Acebes y Zaplana de entonces, o incluso las de Rouco e Ignacio González hoy tendrían perfecta explicación. Hasta cabría pensar que si los votantes hubieran aceptado semejante planteamiento, es muy posible que nos hubiéramos ahorrado el “intermedio” Zapatero.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)