El valor de los valores
Deia, 18-05-2013Tengo una compañera de trabajo que está a punto de dar a luz por segunda vez, puesto que ya tiene un hijo fruto de una relación anterior. El otro día me llamó preocupada diciéndome que en el colegio se reían de su hijo porque iba a tener un hermanito negro, ya que su marido, su pareja actual, es de color, originario de Gambia. Me preguntó si podía aconsejarle sobre qué debía hacer en un caso como este, pues dudaba entre si hablar con los profesores o con los padres de los otros niños.
Me sentí muy impotente. Confesé que no sabía qué era lo mejor en un caso como este y le comenté que, probablemente, una actitud así debía de haber sido heredada de los padres o tutores pues, ¿cómo iban a saber los niños que el futuro hijo de mi compañera es de color sin antes haberlo escuchado en una conversación de adultos? Evidentemente, en función de los comentarios y gestos de los mayores, en tratar ese tema, los hijos han detectado una actitud que, probablemente, hayan querido reproducir.
Y he decidido escribir esta carta porque me decepciona ver que hoy en día se siguen dando casos de racismo, xenofobia y discriminación. Me sorprende que no seamos capaces de aceptar a las personas sean como sean y del origen que sean. Me preocupa que los hombres y mujeres del futuro estén creciendo educados en la falta de respeto hacia los demás. Me hace sentir impotente ver a mi amiga luchando por educar defendiendo valores positivos, de igualdad y de amor al prójimo y que sus esfuerzos se vean mermados por aquellos que deberían tomar altas dosis de valores para desayunar, todos los días.
Sònia Ferrer
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