Asesinado por dejar la banda
Daniel murió de un disparo en un parque de L’Hospitalet.
El País, , 07-10-2012Daniel Martínez quería dejar la banda de los Bloods, pero no pudo. Un disparo acabó con su vida en un parque de L’Hospitalet de Llobregat, en septiembre de 2009. El fiscal pide para el entonces jefe de la banda —William Samuel— 20 años de cárcel. Contaban con 21 años y 25 años, respectivamente, ambos de nacionalidad ecuatoriana.
—Nadie te quería porque no servías para nada y yo te di la puta oportunidad. Ta bien, sigue así.
—Ah bueno, entonces si tú dices que no sirvo, ¿para qué me activaste a lo tuyo?
—Para que te hagas sangre, muchachos de ahora que ni sirven pa pelear me desafían.
—No te estoy desafiando. Sabes que nunca te he faltado al respeto y te tenía de ejemplo.
—Todos me decían que no servías y yo te di la oportunidad.
—Y yo te di las gracias por habérmela dado y estoy orgulloso de ser sangre, pero bueno. Así como bainas que no me gustan de mí, hay bainas que no me gustan que están pasando dentro de la nación” [sic].
Esta es la conversación que pocos días antes de su asesinato mantuvieron Daniel Martínez Dueñas y William Samuel Cañizares a través del sistema de mensajería por Internet Messenger. El primero quería dejar la banda de los Bloods, una de la docena de grupos de pandilleros que existen en Cataluña. Samuel por ese entonces era uno de los jefes del grupo en el Estado. El fiscal pide 20 años de cárcel para él. Los hechos ocurrieron en septiembre e 2009. Tenían 21 años y 25 años, respectivamente, ambos ecuatorianos.
Poco después, Daniel fue asesinado de un tiro en el pecho en el parque de la Marquesa, en L’Hospitalet de Llobregat. William Samuel, conocido como Samuel, se enfrenta a la petición de 20 años de cárcel ante la Audiencia Provincial de Barcelona como presunto autor del crimen, como inductor y por tenencia ilícita de armas. Otras dos personas, Brian A. Q. y Jonathan J. A., están en prisión por el asesinato de Daniel ante los ojos de su novia.
Se sabe cuándo se entra en una banda, pero no cuándo se sale, si es que se consigue, advierte la policía. Los Mossos d’Esquadra calculan que entre abril y marzo, Daniel, alias Kahitoz, decidió abandonar los Bloods, una banda latina enfrentada a los Latin Kings, por las palizas sistemáticas a menores y el abuso hacia los miembros del grupo, que debían pagar 10 euros semanales. “Empezó a no estar a gusto”, contó un testigo protegido a la policía catalana sobre lo que sentía Daniel.
Pero antes de morir asesinado, Daniel intentó solucionar por las buenas el conflicto. El 17 de septiembre de 2009, tenía todo listo para zanjar el asunto. Había recibido varios mensajes amenazadores a su móvil, del estilo “Haber si te atreves a bajar, cagado [sic]”.
A pesar del miedo y las conversaciones anteriores infructuosas, confiaba en salir airoso de la situación. Ese día se puso una camiseta blanca, una chaqueta marrón de cuadros pequeños, unos tejanos de la marca Levi’s y unas deportivas Converse. Se colgó su cadena plateada con el escudo del Sevilla, se ajustó su gorra, su anillo dorado, un pendiente con forma de estrella y una piedra incolora en la oreja izquierda. En la muñeca izquierda, como siempre, se ajustó su Swatch con la esfera amarilla y su pulsera con tres piedras azules.
Daniel se había citado con Esteban M., lugarteniente de Samuel, en el parque de la Marquesa. Iban a hablar de la ruptura por última vez, cerrarlo y seguir cada uno con su vida. Daniel intentó tratarlo por teléfono pero, tras el empeño de Esteban, accedió a verse. Temía por su vida. Así que se llevó a testigos.
Manuel E. M. acudió con él a la cita. Era a las seis, pero nadie se presentó, por lo que los amigos se separaron y Daniel se reunió con su novia Dayanara B., de 14 años, con la que tenía previsto bajar a vender su móvil al barrio de la Barceloneta, en la capital catalana.
A las ocho de la tarde, Manuel vio extrañado “muchos coches de policía” dirigirse al parque donde había dejado a su amigo junto a la menor. Enseguida, le empezó a sonar el móvil. El corazón se le aceleró.
Poco antes, Dani estaba charlando con Dayanara en un banco cuando vieron a un hombre acercarse. En la mano, bajada, portaba un arma. “¡Mira este man!”, alcanzó a decir Daniel. El joven, delgado, de 1,75 de altura, con un casco integral de color azul, se plantó delante, a medio metro. “Tuvo problemas para montar el arma”, recordaría luego Dayanara. Pero disparó, sosteniéndola con ambas manos.
El agresor huyó. Daniel apemas dio unas zacadas. En el pasaje de Amat, el joven se desplomó sangrando. Varias personas trataron de auxiliarle, pero murió.
Manuel recibió de repente una llamada. “Un amigo, Alexis, me dijo que a Daniel le habían disparado”, contó a los agentes. Corrió al parque, pero la policía le retuvo. Los teléfonos empezaron a arder. La amenaza se había cumplido. Daniel había sido asesinado por querer dejar la banda. Samuel niega cualquier implicación y apunta a otros miembros de la banda e incluso a grupos rivales. La fiscalía sostiene que ordenó a Brian que disparase al que había sido su amigo del alma.
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