La mezquita en la Zona Cero y las amenazas de quemar el Corán marcan el aniversario del 11-S

Laura Bush acompañó a Michelle Obama en uno de los actos conmemorativos - El presidente no estuvo en la Zona Cero. Acudió al Pentágono para no caldear unos ánimos muy agitados por el extremismo

Diario de Navarra, MERCEDES GALLEGO. . COLPISA. NUEVA YORK., 12-09-2010

Las sirenas de la Policía y el estruendo de los helicópteros rompieron ayer el silencio del amanecer en Nueva York. La mayoría de los que despertaron abruptamente con el corazón encogido y la memoria de las Torres Gemelas ardiendo se asomaron a la ventana en busca de esa columna de humo y no se quedaron tranquilos hasta que encendieron los televisores. Nada dramático había ocurrido, pero la tensión se cortaba a cuchillo.
El vicepresidente Joe Biden había aterrizado cerca de la Zona Cero, los manifestantes a favor y en contra de la mezquita se apostaban en las inmediaciones, la Policía fuertemente armada custodiaba el área, los perros olfateaban a los pasajeros en el metro.

El noveno aniversario del 11 – S parecía destinado a pasar sin pena ni gloria hasta que la islamofobia truncó la memoria de los 3.000 muertos que dejasen los atentados. La expansión de una mezquita moderada, que se ha alojado en el Bajo Manhattan durante décadas, un edificio a dos manzanas de la Zona Cero, prendió la chispa de muchas personas que casi una década después ven a todos los musulmanes como sus enemigos. Por el camino, oportunistas como el reverendo Terry Jones, encontraron en este río revuelto un pedestal para sus 15 minutos de fama.

Jones afirmó ayer, por fin categóricamente, que nunca cumplirá su amenaza de quemar el Corán. El reverendo se comparó con Abraham, al que Dios le pidió «que hiciera algo loco» como sacrificar a su hijo pero detuvo su mano en el último momento.

Jones prefirió montarse en un avión a Nueva York con la esperanza de que le recibiera el imán Rauf, pero quien le esperaba a pie de avión era la policía. «Hemos tenido una extensa conversación con él», admitió el comisionado de Policía Ray Kelly. «Le hemos dejado claro que le pisaremos los talones y sabremos dónde está en todo momento».

Su presencia entre los muchos radicales del país que se concentraron ayer en Nueva York era testimonio de que el tiempo, las guerras y el renacer de la extrema derecha, incapaz de aceptar a un presidente negro, han logrado lo que los terroristas no pudieron, enfrentar a los estadounidenses unos contra otros.

«Hace nueve años esos atentados nos mostraron la peor cara de nuestros enemigos y la mejor de nuestro país», dijo Laura Bush, evocando la compasión y la unión con la que reaccionó su pueblo. Lo sabía bien, porque ella estaba entonces en la Casa Blanca cuando su marido repitió hasta la saciedad que no estaban en guerra contra el islam sino contra los terroristas.

La ex primera dama salió de su retiro para acompañar a Michelle Obama en un acto conjunto en conmemoración de las 40 víctimas del vuelo 93 de United Airlines que en lugar de la Casa Blanca se estrelló en Shanksville (Pensilvania) gracias a la heroicidad de sus pasajeros. Barack Obama se quedó en la ceremonia del Pentágono para no exaltar más los ánimos en la Zona Cero, donde le representaron el vicepresidente y su esposa. «En este día recordamos nuestros momentos más oscuros y convocamos nuestro sentido de unidad y propósito común», exhortó el presidente en su mensaje al país. «Si hay alguna lección que extraer de este aniversario es que somos una sola nación, un solo pueblo, unido no por el duelo sino por los ideales comunes", dijo.

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