Muerte en el mar de Alborán

ABC, 08-07-2008

POR T. C.

MOTRIL (GRANADA). La crónica de la muerte segura de 14 nigerianos en el mar de Alborán ya está escrita en decenas de ocasiones y sólo cambian los nombres de las víctimas y los lugares donde se dejan la vida. En la madrugada de ayer fue en el mar de Alborán, a 60 millas de la costa de Motril, como otras veces lo ha sido en las costas canarias, frente a Marruecos o en Senegal. Es la misma tragedia de siempre, la de los desesperados que salen de su país, en esta ocasión Nigeria, y se embarcan en la locura de una travesía incierta en busca de un mejor futuro, casi siempre inalcanzable. Pero les da lo mismo. Mientras los políticos discuten en Europa sobre directivas o pactos de inmigración ellos, ajenos a discursos, planes y compromisos, se aferran a su última oportunidad.

La última tragedia conocida comenzó a gestarse de madrugada, cuando el patrón de la Salvamar «Hamal», Enrique Garverí, y el resto de la tripulación se hicieron a la mar para salir al rescate de una zódiac de dos metros de manga por cuatro de eslora, con un motor de cinco caballos que en medio de una mar gruesa con olas de cuatro y cinco metros trataba de alcanzar tierra con 37 personas a bordo.

Condiciones pésimas

Las condiciones para navegar, con vientos de 25 nudos, eran «pésimas» para cualquier embarcación, y por tanto mucho más peligrosas para los ocupantes de la patera. Aun así, sobre las cinco de la madrugada los hombres de Salvamento Marítimo lograron tomar contacto con la zódiac.

Fue cuando la Salvamar «Hamal» se acercaba a la lancha neumática cuando se produjo la tragedia. Los inmigrantes pararon el motor y su embarcación quedó a merced del mar y el nerviosismo cundió entre los nigerianos. Una fuerte ola terminó por desestabilizar la zódiac, que volcó en décimas de segundo. Era noche cerrada y sólo se oían los gritos de pánico, según relataron algunos supervivientes.

Los hombres de Salvamento Marítimo, que se jugaron la vida en el rescate, reaccionaron con rapidez y lanzaron al agua salvavidas, chalecos, cualquier cosa que flotara y a la que pudieran agarrarse los náufragos, ya de por sí agotados por la terrible travesía. En pocos minutos habían logrado rescatar a 23 personas – 20 hombres y tres mujeres, una de ellas embarazada – , pero después se hizo el silencio, un silencio que queda grabado para siempre en todas las personas que han tenido que vivir situaciones como esta.

A pesar del mal tiempo, de las difíciles condiciones de navegación, del peligro que aún existía de una tragedia aún mayor, la dotación de la Salvamar «Hamal» aún permaneció en la zona algún tiempo por si podían encontrar a alguien con vida o, como mínimo, localizar algún cuerpo. Pero todo fue inútil. «Estaban muy nerviosos y sufrían hipotermia», explicó el patrón, Enrique Garverí.

Los voluntarios de Cruz Roja que atendieron a los inmigrantes se dieron cuenta pronto de que aquello no había sido un rescate normal. «Un hombre no paraba de llorar, nos explicó que había perdido a su hija de tres años, a su mujer, y a un hermano. Otros también habían perdido a sus familiares», explicaba una voluntaria muy afectada. llamado Hamza, que añadió: «Venía herido, las lesiones se las hizo intentando rescatar a su pequeña».

Poco a poco, a medida que iban recuperando fuerzas los supervivientes comenzaron a aportar los detalles de esta nueva madrugada de angustia y muerte. Explicaron que faltaban catorce personas y detallaron que se trataba de nueve hombres, cuatro mujeres y un menor, todos ellos procedentes de Nigeria. Y aseguraron que habían pasado mucho miedo por el fuerte oleaje también antes del naufragio. Su travesía había empezado el pasado sábado en Marruecos.

Ayer buscaron a los desaparecidos un avión de reconocimiento de Salvamento Martítimo y una patrullera del Servicio Marítimo de la Guardia Civil. Persistía el fuerte oleaje y la posibilidad de encontrar supervivientes era nula.

Mientras, en tierra había comenzado ya la maquinaria para repatriar a los supervivientes. Primero les examinó un médico, luego les dieron ropa seca y los llevaron al CETI del puerto, donde la Policía comenzó los trámites para llevarles de regreso a su país. Allí comenzará de nuevo la historia.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)