Educación para la ciudadanía, en versión norteamericana

ABC, 07-10-2007

REUTERS

Soldados norteamericanos destinados en el campamento Victoria de Bagdad levantan su mano en la ceremonia de acceso a la ciudadanía celebrada el 4 de julio

PEDRO RODRÍGUEZ

CORRESPONSAL

WASHINGTON. ¿Qué significa ser ciudadano de Estados Unidos? Esta cuestión con apariencia de punto partida para un profundo ejercicio de reflexión, quizá especialmente oportuno tras el 11 – S, ha terminado por imponerse esta semana en la nueva versión del examen estandarizado que desde 1986 se aplica a todos los inmigrantes con aspiraciones a integrarse con plenos derechos en la mitología del sueño americano. Frente a un cúmulo de fechas, nombres y cuestiones propias de una barata guía turística, la nueva selectividad para la ciudadanía aspira a fomentar valores democráticos y patrióticos. Lo que supone, por ejemplo, sustituir cuestiones como «¿Cuál fue el último Estado integrado en la Unión? (Hawaii)» por «¿Qué funciones tiene el Poder Judicial?».

La nueva versión del examen, que se administrará a partir de un compendio público de cien preguntas, no ha dejado de alentar la polémica que siempre ha rondado a esta prueba para acceder a la ciudadanía. Durante años, los conservadores han denunciado que el viejo examen era un coladero escandalosamente fácil. Ahora, los activistas pro – inmigrantes consideran que el nuevo test, que entrará en vigor a partir del 1 de octubre del 2008, es demasiado complicado. Hasta el punto de plantearse que muchos ciudadanos nacidos y educados en el país tendrían dificultades para aprobarlo.

Identificación de valores

La Casa Blanca insiste en que el nuevo examen de ciudadanía tiene por objetivo promover una deseada identificación con los valores cívicos de Estados Unidos, demandando más respuestas razonadas y menos datos memorizados. Lo que en la práctica supone pasar de preguntar «¿Contra qué país luchamos durante la guerra revolucionaria? (Gran Bretaña)» a plantear la cuestión bastante más profunda de por qué los colonos americanos se rebelaron contra la Corona británica.

Para aprobar este cuestionario – parte de las múltiples exigencias para convertirse en ciudadano norteamericano – los examinados se enfrentarán a diez preguntas y deberán responder acertadamente un mínimo de seis. Para determinar la validez del nuevo modelo y acotar preguntas, las autoridades de inmigración han realizado ensayos durante esta primavera con seis mil candidatos voluntarios en diez ciudades de Estados Unidos. Con una tasa de aprobados del 92,4 por ciento frente al 84 por ciento del viejo modelo de examen.

Cifras que no convencen a los activistas pro – inmigración que insisten en calificar el nuevo test con sus cuestiones más abstractas como una traba adicional en el proceso de ciudadanía, con su correspondiente impacto negativo sobre todo para los muchos aspirantes con bajos niveles educativos. Dificultad que a su juicio se suma a una tendencia de colocar cada vez más alto el listón de la ciudadanía como habría quedado ilustrado con el reciente incremento de un 69 por ciento en las tasas que hay que pagar a las arcas federales para la tramitación de una ciudadanía en Estados Unidos (con un coste actual de 675 dólares o 477 euros al cambio).

Dos oportunidades

Como viene siendo costumbre hasta ahora, aquellos aspirantes que suspendan una primera vez el nuevo examen recibirán una segunda oportunidad. Pero si reinciden en su tabulado desconocimiento, se verán obligados a iniciar de nuevo el proceso de solicitud de ciudadanía y pagar otra vez. Sin olvidar que además del examen, aunque con un poco de manga ancha para los mayores de 65 años, también se exige ser capaz de escribir y leer frases básicas en inglés y una entrevista personal.

Emilio González, director de los Servicios de Inmigración y Ciudadanía, insiste en que este nuevo modelo de examen fruto de un proceso revisor de siete años y una inversión de más de seis millones de dólares «genuinamente refleja los conocimientos de cada solicitante sobre lo que quiere ser: ciudadano de Estados Unidos». Según González, de origen cubano, «ya no se trata de una prueba que pregunta cuántas estrellas o barras hay en la bandera, es una prueba que genuinamente insiste en esas cosas que constituyen nuestro país».

En ese sentido, el revisado examen para el que claramente hay que estudiar ha desterrado preguntas como de concurso de televisión sobre el nombre del barco que trajo a los peregrinos hasta Massachusetts («Mayflower») o quién dijo «dadme la libertad o dadme la muerte» (el revolucionario Patrick Henry). En cambio, con su declarado énfasis en comprensión frente a memorización, el nuevo modelo se centra más que nada en la hoja ruta democrática marcada por la pionera Constitución de Estados Unidos. Sin olvidar el dato de que durante el año pasado el gigante americano convirtió en ciudadanos a más 700.000 inmigrantes legales.

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