PRIMERA PLANA

Arguineguín y el Pacto de las Flores

Y aunque el tablero en términos políticos sea rocambolesco, Torres lo paga y lo padece porque Grande-Marlaska no dimitirá

Canarias 7, RAFAEL ÁLVAREZ GIL, 20-11-2020

Una columna formada por más de 200 inmigrantes irregulares, tras días de estancia penosa e inhumana en el muelle de Arguineguín, no salen marchando en fila ordenada por la mera orden de un policía, por muy jefe incluso que fuese. Se busca un cabeza de turco. Y Fernando Grande-Marlaska y Anselmo Pestana pretenden esquivar el asunto. Ninguno dimitirá por voluntad propia, para mayor indignación ciudadana, endosándole así el coste político a Ángel Víctor Torres. Hubo orden, pero esta no nace de la ciencia infusa ni es auspiciada por el halo galáctico. Se originó o, por lo menos, pasó por la Delegación del Gobierno. Si fue del ministro del Interior, la ejecutó a través de la plaza de La Feria. Sea como fuera, el proceder que aconteció el martes por la tarde, directa o indirectamente, en el mejor o peor de los supuestos, la responsabilidad recae en la sede del Ejecutivo central en las islas. Además, se ha echado en falta un ejercicio de honestidad y transparencia por parte del delegado pues el mismo miércoles tenía que haber ofrecido una rueda de prensa para dar todas las explicaciones precisas. Y que no lo hiciera, denota un oscurantismo impropio en una democracia y nos retrotrae a la época de los gobernadores civiles.

El buen delegado del Gobierno es aquel que no es noticia. El cumplidor responsable del Gabinete central en el archipiélago debe estar en un segundo plano político y ocupar portadas y telediarios tan solo de cuando en cuando: acompañar en la sala de prensa al técnico que ofrece la valoración de la Agencia Estatal de Meteorología sobre cómo fue el otoño y si llovió o no, asistir al desfile de la Guardia Civil, tomar café y pastas en la recepción del nuevo cónsul y demás usos y costumbres en días de guardar. Sin embargo, Pestana ha logrado concentrar el disgusto y la denuncia de la oposición, que va de suyo, de socios integrantes del Pacto de las Flores, del empresariado canario y de otros actores. Todo en uno. Y cuando eso sucede, lo mejor es asumirlo y dar la cara. Así las cosas, el dilema lo tiene Torres pues el palmero le es necesario a nivel orgánico en el PSOE y eso implica un precio interno. Aunque la presión social va en aumento.

Los lamentables episodios ocurridos esta semana en el puerto moganero y en la estación marítima en Santa Cruz de Tenerife, cientos de inmigrantes irregulares abandonados a su suerte, una deleznable realidad de deshumanización y banalización, no van a olvidarse sin más. Por mucho que rebusquen a un mando policial al que crucificar, la opinión pública tiene criterio. El drama persiste e irá a más. Y aunque el tablero en términos políticos sea rocambolesco, Torres lo paga y lo padece porque Grande-Marlaska no dimitirá. De hecho, Podemos en Madrid ha desautorizado a su organización en Canarias. El aruquense debe tomar medidas aunque sea por dignidad institucional, los intereses de partido ya no le será aval de nada. Canarias está al borde del conflicto.

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