El racismo se cuela en el Teatro Real

El coliseo madrileño abrirá el viernes 18 su temporada con la ópera de Verdi «Un ballo in maschera» Gianmaria Aliverta es el director escénico de la producción, que se ambienta en el Estados Unidos de los años posteriores a la abolición de la esclavitud

ABC, Julio Bravo, 16-09-2020

Durante toda su vida, Giuseppe Verdi acarició la idea de convertir en ópera «El Rey Lear», la gran tragedia shakespeariana. Cuando acordó con el Teatro San Carlo de Nápoles, en 1857, la creación de una ópera, regresó a aquella idea, pero la necesidad de contar para ello con tres primadonnas que no tenía le hizo volver la mirada hacia la historia del regicidio de Gustavo III de Suecia en 1792, que Scribe había convertido en drama. Poco imaginaba el músico de Busetto los problemas que le daría esta decisión.

El Teatro San Carlo de Nápoles, borbónico, tenía por aquel entonces un grave problema de censura. Así lo cuenta el director de orquesta italiano Nicola Luisotti, gran experto verdiano, que añade que «no se podía hablar del asesinato de un Rey ni no se podía ver un homicidio en escena». Las restricciones de los censores motivaron que Verdi decidiera llevarse su ópera a otro teatro. Tras la negativa de la Scala de Milán se dirigió al Teatro Apollo de Roma, donde no existían esos problemas de censura. Aun así, el compositor se vio obligado a modificar el libreto de Antonio Somma y cambiar la localización, de Estocolmo a Boston, en Estados Unidos, y la naturaleza del protagonista, de Rey a Gobernador. Pero a cambio pudo mantener intacta la trama. Se estrenó en el teatro romano el 17 de febrero de 1859. Aunque eso no evitó que la tristeza le hiciera pensar, cuenta Luisotti, en abandonar la composición, y de hecho tardó tres años en estrenar su nueva ópera, cuando estaba acostumbrado a escribir casi una por año.

El Teatro Real inaugura el próximo viernes 18 esta atípica temporada al acto está previsto que acudan los Reyes con «Un ballo in maschera». Como explicó Joan Matabosch en ABC hace unos días, se trata de una producción con todas las de la ley, «un paso más para conquistar la normalidad», aunque haya tenido que adaptarse a las circunstancias. Dos días antes, se ofrecerá un preestreno para menores de 35 años, y la función del 18 se retransmitirá en directo en pantallas situadas en la Plaza de Oriente y la de Isabel II, con aforo limitado según las normas de la Comunidad de Madrid; «se colocarán 450 sillas separadas entre sí por 2 metros explica el Real, en un área acotada de 4000 m2 con 320 metros de vallado de seguridad y 8 entradas y salidas debidamente señalizadas y dotadas de hidrogel».

La producción que presenta el coliseo madrileño procede del teatro de La Fenice de Venecia. Su responsable es el director de escena Gianmaria Aliverta, que ha mantenido la localización de la trama, Boston, pero la ha cambiado de época y la ha llevado a los años posteriores a la abolición de la esclavitud en Estados Unidos. «Es la época en que está compuesta la obra; trasladarla a este contexto nos permite abordar un conflicto absolutamente actual como es el problema racial sin cambiar una sola coma del libreto». Y es que el trasfondo político y social de «Un ballo in maschera» tiene tanta o más importancia que la historia de amor que narra. «Verdi no era solo un compositor; pesaba cada palabra y la convertía en música; y con esta obra no quiso solo escribir una historia de amor, sino una historia política también».

Nicola Luisotti vuelve al foso del Real (ampliado para que los músicos puedan guardar las distancias preceptivas) después de su participación en la «Traviata» «reinaugural» del mes de julio. Los repartos incluyen a los tenores Michael Fabiano y Ramón Vargas como Riccardo; las sopranos Anna Pirozzi, Saioa Hernández, Maria Pia Piscitelli y Sondra Radvanovsky (Amelia); los barítonos Artur Ruciński y George Petean (Renato); las mezzosopranos Daniela Barcellona y Silvia Beltrami (Ulrica) y las sopranos Elena Sancho Pereg e Isabella Gaudí (Oscar). Intervienen además Tomeu Bibiloni (Silvano), Daniel Giulianini (Samuel), Goderdzi Janelidze (Tom) y Jorge Rodríguez-Norton (un juez y un sirviente de Amelia).

Además, la puesta en escena incluye una serie de bailarines negros, que el Teatro Real ha reclutado de entre los intérpretes de la producción española del musical «El rey león», actualmente en el dique seco debido a la pandemia.

Las funciones son los días 18, 20, 23, 25, 27 y 29 de septiembre, y 1, 3, 4, 6, 7, 10, 11, 13 y 14 de octubre, a las 20 horas (los domingos, a las 18 horas).

«Más fuerte que el virus»
«He querido crear dice Gianmaria Aliverta, el director de escena de «Un ballo in maschera» un espectáculo que sea más fuerte que el virus y que nos haga olvidar el miedo a la pandemia y al contagio, dentro de las leyes». Estrenada en La Fenice de Venecia, Aliverta ha modificado su producción para adaptarla a las circunstancias. «Es un espectáculo a todos los efectos, y se ha podido hacer gracias a los trabajadores del Teatro Real, que es uno de los mejores teatros del mundo, con unas condiciones técnicas de vanguardia. Los miembros del coro mantienen la distancia de metro y medio, y esto podrá ser gracias a unas plataformas que subirán o bajarán, de tal modo que es un espectáculo en continuo movimiento, y en el que los artistas están seguros en todo momento. Para ello ha ideado que los bailarines lleven unas mascarillas con su cara impresa, que con las luces adecuadas darán al espectador la impresión de que no las llevan. Solo hay algo que hace que no sea un espectáculo al cien por cien, y es el dúo de amor entre Riccardo y Amelia, en el que lógicamente no se besarán ni se acercarán. En todo lo demás, es una puesta en escena de ‘’Un ballo in maschera’’ igual que la que se hizo sin pandemia».

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